El balance del Gobierno será lo que cuente al final.
Jacques Seidner
El 16 de mayo se habrá consumado el relevo de mando presidencial en Francia al haber asumido sus funciones –a los nueve días de su elección y de acuerdo a la Constitución republicana– el recién electo Nicolas Sarkozy. Notemos también que los resultados de la elección –y con una precisión matemática– fueron divulgados dos horas después de la clausura de los sitios de votación. Dicha eficacia, poco común en eventos similares alrededor del mundo, no es nada novedoso en la “quinta república”, puesto que ha sido esa la norma desde 1958, fecha de la elección de su primer presidente, el general De Gaulle.
La reciente elección presidencial –con la participación poco habitual del 85 por ciento del electorado– presenta aspectos novedosos en cuanto a los candidatos finalistas en presencia. El ganador Nicolas Sakozy y actual Presidente de la República es un outsider que rompe con la tradición de políticos poco más o menos tecnócratas surgidos de las grandes escuelas del Estado y, por lo general, venidos de provincia. Francés de primera generación –padre y abuela húngaro y judía– Sarkozy es abogado y llega a la política desde su juventud en las filas de la derecha liberal.
Como le sucede a tantos políticos Sarkozy tuvo sus altas y sus bajas, pero en el último período presidencial, y a pesar del mismo presidente de la República Chirac -con el cual tuvo serias desavenencias aunque pertenecientes a la misma agrupación política- o quizás por ello- se hace del partido oficial lo que lo lleva a ser ministro de Finanzas primero y de Gobernación después, justo antes de la elección presidencial para la cual logra la candidatura oficial y consecuentemente gana la Presidencia de la República con un amplio margen de votos a favor. Por su trayectoria exitosa Sarkozy ha demostrado ser un ilusionista mediático y un operador sagaz, cualidades que le fueron indispensables para lograr la más alta magistratura del nacional.
Ségolène Royal, candidata socialista surgida de una Francia tradicional tanto por su procedencia familiar –hija de militar– como por su trayectoria de estudios y acción política, no desmerece en cuanto a su personalidad con relación a Sarkozy. Para empezar, logró rescatar al Partido Socialista desanimado y dividido después de la catastrófica campaña Presidencial de 2002 y llevarlo a disputar la segunda vuelta Presidencial lo que no parecía evidente lograrlo al principio de la campaña electoral reciente. Al igual que su contrincante es la señora Royal una ilusionista mediática pero, además, elocuente demagoga que ha sabido jugar en sus apariciones públicas con su indiscutible encanto femenino. Sin embargo, no le fueron suficientes esas particularidades para imponerse, por no haber convencido a los franceses de la mayoría indecisa de darle su voto a la opción socialista, prefiriendo ellos así a Sarkozy, más experimentado y mejor definido en sus proyectos de Gobierno.
Es de notar que esta elección habrá sido la tercera derrota consecutiva en justas presidenciales del Partido Socialista, lo que permite concluir que el caudal electoral natural de la izquierda es en Francia insuficiente para ganar una tal elección y que requiere votos exógenos para lograrlo. Probablemente también no sea únicamente asunto de candidatos sino de programas de Gobierno y que, desde la presidencia de Mitterrand, la opción socialista no satisface a cabalidad al electorado francés silencioso.
Francia ha elegido un Presidente de la derecha para ejecutar una nueva política, sumado esta a un nuevo estilo de gobernar. Si los franceses son iguales a sí mismos elegirán en junio próximo una nueva legislatura para permitirle a Sarkozy la ejecución de su programa. Y posiblemente así sucederá.
Sin embargo, el nuevo Presidente podría afrontar el problema habitual de los gobiernos modernos, siendo ello que la democracia tiende a transportarse con demasiada facilidad hacia las calles, manifestando y pasándose por encima de las instituciones legales republicanas y oponiéndose con frecuencia a los gobernantes de su propia y con frecuencia reciente elección. Y es por ello que es de preguntarse si le será suficiente a Sarkozy su talento ilusionista y su próxima asegurada mayoría parlamentaria para llevar a buen puerto los cambios, sin duda indispensables, para guiar a Francia hacia la modernidad, acorde a las exigencias actuales de un mundo globalizado e internacionalmente complejo.
Álvaro Vargas Llosa, en alguna publicación reciente, considera que Francia aún no está lista para aceptar reformas estructurales profundas.
La opinión de Vargas Llosa vale tanto como cualquiera otra. El balance del Gobierno será lo que cuente al final de la jornada presidencial de Sarkozy. Los franceses entonces juzgarán…
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1 comentarios:
Alfredo Schilling: (2007-05-18 14:15:20 horas)
En muchos aspectos Francia se habia quedado atras creo que la derecha fortalezera y dara oxigeno a un pais que lo necesita en muchas areas principalmente en la de identidad nacional. Felicitaciones al nuevo gobierno Frances.
1 comentarios: