Escondes cierta tendencia a la exageración y la hipérbole.
Maria Olga Paiz
¿Rogaste a tu mamá por un permanente antes de los 15? ¿Te peinabas despejando la cara con bananas y flecos cardados y esculpidos con laca? ¿Acaso uniformaste tu cabeza con el estilo Top Gun?
¿Bloqueabas el sol con Ray Ban? ¿Usaste aretes más grandes que tus orejas? ¿Y hombreras gruesas como almohadas? ¿Sacaste del maletín del gimnasio la banda de sudor, la lycra y los calentadores? ¿Aprendiste el doblez de canutillo para los jeans? ¿Enrollabas las mangas de tus t-shirts? ¿Copió la costurera de la familia el saco blanco de Don Johnson?
¿Empezaba tu tarde de viernes en Hardee’s y terminaba con un helado en Scribona viendo aterrizar aviones de Pan Am? ¿Viste en el cine Las Américas la trilogía de Indiana Jones o la primera película de Star Wars?
¿Ensayaste algún día los grititos hipercinéticos y los pasos break de Michael Jackson? ¿Descoyuntaste el esqueleto imitando las coreografías heréticas de Madonna? (Esto vale puntos extras) ¿Cantaste tu despecho con Whats Love Got to do With It en la voz soul de Tina Tuner?
¿Escuchabas el casete de Timbiriche en tu walkman? ¿Bailaste la primera pegada bajo custodia de The Police en algún antro de la Zona Viva. ¿Recuerdas los bombazos tras el golpe de Estado a Mejía Víctores? ¿Te llenaste la boca con la palabra Democracia? ¿Celebraste la caída del muro de Berlín?
Si has respondido sí a la mayoría de preguntas eres un espécimen ochentero urbano versión chapina. Escondes cierta tendencia a la exageración y la hipérbole. Oscilas entre deseo de ser una marca registrada del mundo pop y una versión original en un mundo global. Escuchas por dentro el chirrido de una generación bisagra. ¿Menos de la mitad? No hay que ser renegado.
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