Los diputados que integran el Congreso de Estados Unidos –Cámara Baja– son electos por distritos relativamente pequeños que tienen la ventaja de acercarlos a sus electores.
Un representante de uno de los distritos de Chicago, por ejemplo, sabiéndose en un área –la de su distrito– con mucha población latina, tratará de ajustarse hasta donde sea posible, a los intereses y creencias de sus electores.
A ningún Congresista de EE.UU. se le ocurriría ir al Congreso para ver qué se le ocurre defender y legislar. Irá al Congreso a defender los intereses y principios de sus electores, y así se comportará en materia de presupuesto –ingresos y gasto público, que es la esencia de la actividad parlamentaria y en los demás asuntos, incluido el de legislar– en los que deba intervenir.
Esta actitud no se debe a que el Congresista sea muy buena persona, sino simplemente a que sabe muy bien que si es infiel a los intereses y principios de sus electores, estos ya no lo elegirían para un nuevo mandato.
Divida usted la ciudad de Guatemala en 11 distritos y piense en la gran diferencia que habría si cada uno de los distritos eligiese un solo diputado, el que, necesariamente, tendría que ganar en el distrito en que compita para resultar electo.
Si la ciudad de Guatemala estuviese dividida en 11 distritos usted sí sabría por quién estaría votando para diputado y también sabría –llegado el momento– por qué resultaría electo: porque habría ganado en el distrito.
Usted tendría la ocasión de negarle el voto al diputado de su distrito que pretende reelegirse si cree que este no ha cumplido debidamente sus funciones. Esta es la auténtica fiscalización del elector, ejercitada por el voto.
Un miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, electo por un distrito de Chicago, estará volando a Washington D.C. todos los lunes y ya en la tarde estará participando en distintas reuniones. Martes, miércoles y jueves estará en plena actividad, atendiendo plenarias y su trabajo en comisiones. Sus actividades se prolongarán hasta el viernes por la tarde, cuando tomará el vuelo de regreso a Chicago.
El sábado por la mañana atenderá a sus electores en su oficina de distrito y, por la tarde, visitará a personas de su comunidad, nutriéndose del sentir del elector. El domingo será el día dedicado a la familia. El lunes estará de vuelta en Washington, retomando otra vez las funciones propiamente parlamentarias.
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