Foto:
menchu
Más fotos
¿Qué ofrecería un gobierno de Rigoberta Menchú?– Primero, lograr una fiscalización y uso efectivo de los fondos públicos, propiciar la participación de las mujeres, incorporar a la gente a una visión del país, pero necesitamos dar condiciones para los niños y las mujeres. Quiero lanzar una red de guarderías infantiles que cumplan con estándares internacionales y maestros que impacten. ¿Qué ganaría? Uno, que el niño tenga dos veces alimentación diaria –combatiendo la desnutrición crónica infantil– y dos, combatiría la extrema pobreza, propiciando un bono familiar a cambio de que el niño rinda en la guardería. Es la fase previa a la preprimaria y primaria y debemos enfocarnos en la calidad educativa. No es posible seguir dando una educación de esclavitud, me refiero a la gente del campo, donde simplemente se da una alfabetización ocasional.
Y eso ¿condena a que esa gente siga siendo esclava?– ¿Cómo vas a hablar de competitividad si la educación que se está dando es solo un entretenimiento? Una mujer puede prepararse y buscar un trabajo mejor si sabe que su hijo está bien...
Las guarderías permitirían a las mujeres desentenderse del cuidado de sus hijos a lo largo del día y salir a trabajar.– O que vaya al mercado a vender su atol, porque afortunada o desafortunadamente la economía más exitosa en Guatemala es la informal. El sector sindical ha luchado eternamente por conseguir sus prestaciones y siete horas de trabajo y si yo planteo flexibilidad laboral en función de las mujeres a lo mejor no se va a entender. Tengo que entrar en consenso, pero sí creo que las mujeres tienen derecho a tres o cuatro horas de trabajo, pero sobre todo queremos formar niños cuyo destino nunca mássea la esclavitud, la opresión, marginación, analfabetismo...
El trabajo en el campo en las fincas en Guatemala, ¿es trabajo de opresión?– Totalmente, cuando no hay ningún control sobre sus prestaciones ni sobre su rendimiento. Creo que en el primer año vamos a batallar muchísimo en como aplicar los fondos, en presupuesto de Estado, revisar si se debiera decretar o pelear por reformas.
Usted ya habló de una política agraria, ¿cómo describe esa política?– Una política incluyente que vencerá algunos estereotipos y miedos...
Miedo concreto a que Rigoberta Menchú venga a expropiar tierras. ¿Tiene fundamento ese miedo?– No, no tiene fundamento, solo tiene fundamento si las tierras son mal habidas, usurpadas del Estado. Hablemos de Petén: me ha llegado información de tierras que sirven para acampar narcotraficantes, para el crimen organizado, ellos son quienes deben tener miedo. Una persona honrada no tiene por qué tener miedo, yo creo en la certeza jurídica no solo para las tierras grandes, sino también para tierra de campesinos. Hablemos de Chimel: soy socia de la Comunidad de Chimel y nos dieron los títulos hace muchos años, sin embargo, corresponde a una lógica de colectivos donde no sé dónde queda mi parcela, y si cultivo aquí, mañana puede venir otro a quitármela. Nadie puede invertir en una tierra que no sabe quién es el dueño, esa certeza es necesaria.
Habla una Rigoberta que, en términos generales, se mueve dentro de la lógica del mercado.– Sí, porque para mí, dar certeza del negocio es la única manera en que puedes caminar hacia adelante: si le digo a una persona que tiene una farmacia o una tiendita que tiene la garantía y libertad de competir en esta colonia, seguramente tendrá entusiasmo. Hasta la psicología humana tiene que ver con ello, estamos contentos cuando tenemos certeza y pasa en las relaciones: si tú sabes que tu pareja está bien y no te está traicionando, estás en un ambiente sano, de confianza, pero si no tienes garantía, esa incertidumbre crea una psicología de depresión y creo que eso le pasa a Guatemala, sufre de una depresión social, la gente ya no cree en nada, no se mueve por cambiar las cosas, es una actitud de dejadez y eso se ve en las culturas donde hay opresión, inseguridad y violencia. Se ha venido forjando la democracia y nuestro planteamiento es que vamos a fortalecerla, no que vamos a empezar a construirla porque la venimos construyendo desde hace tiempo. Nuestra tarea es generar un buen clima de negocios, pero el empresario es la clave: vamos a dar los mismos beneficios a la micro, mediana y gran empresa...
Este país tiene una regulación antimonopolio en la Constitución, pero cuatro legislaturas consecutivas han ignorado la obligación de decretar una ley antimonopolio. ¿Cómo lo explica?– Porque el Congreso ha perdido su dignidad y está en una crisis total, creo que si no lo rescatamos, no vamos a rescatar el país. Los partidos políticos debemos hacer un pacto por Guatemala, sería precioso si tuviéramos la madurez para una nueva Constituyente, buscar el perfil de los constituyentes para que no hagan la ley a su tamaño, porque el problema en el pasado fue que hicieron la ley para ellos.
Pero, el problema en realidad es que el poder económico tiene una gigantesca influencia sobre quienes legislan, porque ellos mismos los financian. ¿Podemos aspirar a una Constitución y a un orden legal que limite a ese poder económico?– Va a llegar el día, va a llegar el día... Fíjense cómo nosotros hacemos una campaña, de verdad con manos limpias, sin manos atadas porque el costo de hacer una campaña sin las manos atadas es quemarse con el sol, caminar a pie, llegar uno por uno a los lugares, visitamos de puerta en puerta, mientras otros no dejaron de pintar una sola piedra, porque de verdad solo faltó que pintaran las vacas en el interior del país con unas campañas realmente abrumadoras... La gente no necesita campañas, necesita soluciones. Ni siquiera yo, que soy una política aficionada, ni siquiera yo puedo entender la lógica...
¿Una política aficionada?– Es que no entiendo la lógica de 21 partidos políticos en un país donde solo 6 millones de personas están empadronadas y de ellas solo votarán 3 millones... Hay una crisis en el sistema de partidos políticos y entonces como que esa crisis nos empuja a cosas nuevas: nosotros somos la referencia de algo nuevo, causamos sustos, nuestros discursos están leídos diez veces más que los demás, los demás pueden decir cualquier cosa que les dé la gana, pero nosotros tenemos cuidar lo que decimos, porque...
¿Por qué? ¿Por qué inspira miedo? ¿Por su pasado en la insurgencia?– No, porque entonces debería inspirar miedo Pablo Monsanto, él sí fue comandante... De miedo no podemos vivir. Yo no tengo miedo de nada, y no tengo ningún problema si debo discutir con todos los sectores... incluso pienso que las Fuerzas Armadas de Guatemala deben tener una nueva proyección, cambiar la fisonomía de una institución que en el pasado... tanto ellos como yo estamos completamente salpicados por el conflicto, pero hay personas buenas que nos van a ayudar en esto. Estaba viendo la preparación que ha tenido el general Julio Balconi desde la Firma de la Paz, es un militar discreto y opacado por las fuerzas políticas, sin embargo, él ha sistematizado cambios, y ha contribuido desde una perspectiva intelectual en temas de seguridad... gente tan valiosa como él y cuántos otros que están en el anonimato porque nadie les llama. Los guatemaltecos necesitamos más comunicación en un clima de honestidad, respeto...
¿Usted siente rechazo hacia usted? – Soy una mujer como todas las mujeres y me encantan los hombres (risas), me encanta también la participación, he tenido oportunidad de participar en muchos escenarios y no en todos debatí con el convencido. Siempre debatí con quien no está convencido, y eso te permite crear una cultura de diálogo... eso es lo que yo tengo; al sector privado le parecen muy duras y raras mis ideas, pero les he preguntado: “¿Por qué les da miedo? Díganme cinco razones para que les dé miedo y se dan cuenta que los miedos son más fantasmas que realidad...”
Un fantasma real es el racismo de unos hacia otros. ¿Siente el rechazo de una parte de la población porque es mujer y k’iche’?– Yo no generalizaría. Hay personas que me han preguntado por qué creo que haré un buen gobierno si no tengo experiencia, entonces simplemente respondo: uno, ustedes lo han hecho por 200 años, si lo hubieran hecho bien, yo sobraría aquí; segundo, vengan a mí cuatro años después y díganme lo que no hice bien. Si dudan de mí por ser mujer, están equivocados, hay mujeres que somos mano firme, dispuestas a trabajar, y si la duda es por ser indígena... A mí lo que me molesta es que me victimicen. No soy una víctima. El racismo es una enfermedad sicológica, de alguien que se siente superior. Yo soy una mujer pensante y capaz. Encuentro por Guatemala es un partido encabezado por una gran mujer, sé que hay gente que no quiere a Nineth Montenegro, pero, ¿quién en el mundo le cae bien a todos? Nineth es una mujer extraordinaria, y nos acompaña Fernando Montenegro, un empresario que va a tener que sufrir junto a mí lo que yo he tenido que sufrir...
¿En qué sentido?– La gente decía que no podíamos participar porque nos iban a oprimir el racismo, la discriminación, mi investidura de Premio Nobel podría verse en dificultades, pero estamos haciendo lo contrario, estoy diciendo “aquí estoy” y si dejé la vitrina es porque me encanta caminar a pie y siento que estamos enviando un mensaje que no es equivocado al mundo ni para los guatemaltecos... Me preguntaba por qué Luis Fernando iba a sufrir, lo digo porque el guatemalteco está especializado en las intrigas. A mí me dicen que me incliné a la oligarquía, que traicioné mi pueblo...
Que no ha hecho nada por su pueblo, le dicen.– No, eso lo dicen algunos, no lo dice la gente en general porque sabe que no he tenido el Estado en mis manos, cuando lo tenga, voy a demostrarles, dénmelo y vamos a ver si no hago nada... A Luis Fernando, gente de mentes cerradas le dice que se va a la izquierda, que traiciona su sector, eso demuestra que estamos en lo correcto porque los extremos se juntan y les da miedo a un lado y a otro y eso me gusta.
Rigoberta, ¿por qué con Encuentro por Guatemala sí y por qué con URNG no? – No solo con estos dos partidos hablé. Hablé con CASA, URNG y Encuentro. La URNG pensaba plantearme una precandidatura, pero nuestro movimiento dijo no, porque o era candidata o no era, desde allí empezamos mal, y luego... hay muchas heridas del conflicto armado.
Es un pasado que persigue mucho a los guatemaltecos.– Totalmente.
A usted más que a la mayoría. – Mi pasado es hermoso, mi gran civilización maya.
La guerra, ¿no es un peso en su pasado?– No fui guerrillera, afortunadamente, y si lo hubiera sido sería un honor.
Y ¿la foto con el fusil?– Es un invento. A mí, desgraciadamente, lo que me tocó fue la ejecución de mi papá, mis hermanos, la muerte, el sufrimiento y todo eso es lo que conozco, no tuve la suerte de ser una guerrillera como muchos. Mi hermana Anita sí estuvo diez años en la guerrilla.
Pero usted sí fue un cuadro político diplomático de ellos.– Sí, eso sí, en la RUOG y allí tuve la oportunidad de relacionarme con la izquierda intelectual.
¿Cómo se define a sí misma?– Incluyente, desde la comida hasta las amistades.
¿Tiene amigos no indígenas guatemaltecos que se sientan a su mesa con frecuencia?– Con frecuencia sería mucho mentir, pero sí tengo muchos amigos... Cuando tomaba mis traguitos, por ejemplo, me sentaba a platicar con Andrés Botrán.
¿Dejó el licor?– Sí, hice una promesa. Yo ya había consumido mi cuota.
¿Cuánto de su autoestima, de su confianza y seguridad se afincan en el Premio Nobel?– Mucho, porque el Premio Nobel es una tarima extraordinaria, muy selecto, voy a tener de qué vivir toda la vida, porque cada artículo que escriba, siempre tendrá cobertura... la gente conoce más el trabajo que hago porque está mi nombre, realmente estoy muy agradecida, al Instituto Nobel les pregunté por qué se arriesgaron conmigo, que yo era bien joven, tenía 33 años, podía haberles fallado.
¿Qué le respondieron?– Que hay cosas mágicas en la vida de las personas y que me apoyaban profundamente.
¿Cuáles son sus expectativas de desarrollo de campaña de aquí a septiembre?– Mi expectativa, por supuesto, es modestamente llegar al segundo lugar. Vamos a intensificar la campaña, vamos a recorrer el país entre semana: Nineth en un departamento, Fernando en otro.
Tenemos otras ventajas, el respaldo y apoyo de organizaciones sociales, tengo la gran amistad y apoyo de Conic (Coordinadora Nacional Indígena y Campesina) y de otras más que trabajarán con nosotros... Nuestra campaña quizás no se verá en TV, pero me he reunido con varios embajadores que me han dicho que el país ha cambiado bastante y verán nuestra participación con expectativas...
¿Realmente cree que este país ha cambiado bastante? Esta semana un grupo de universitarios hablaba de política, al escuchar su nombre muchos hicieron muecas. Cuando miro esas escenas pienso que este país ha cambiado poco.– Pobres por ellos y pobres sus madres, porque creo que depende de la educación. Pero pienso que serán muy pocos los que hacen muecas y no juzgaría la juventud guatemalteca por la actitud de unos. La juventud ahora es más inteligente, tiene más acceso a la información universal, una persona que sale de vez en cuando en CNN a la gente le impacta mucho y le infunde un respeto... lo he visto con los artistas, infunden presencia... No creo que sean muchos.
¿Deberíamos en Guatemala educar a todos los niños para que hablen inglés?– Yo les pondría primero a estudiar el k’iche’, el mam, les pondría un par de idiomas nacionales. ¿Cuál es la urgencia? La urgencia es crear fuentes de comunicación a nivel nacional. La mayor cantidad de los mayas somos bilingües, hablamos más o menos el segundo idioma, por lo que no tendría por qué privarse del mismo derecho a los niños ladinos.
Pero para ser competitivos a nivel global necesitamos hablar un idioma que nos conecte con ese mundo. – Los ladinos se adueñaron del concepto de la competitividad, pero nuestra gente maya aún no pone sus reglas sobre ese tema.
¿Y no deberían hacerlo ya?– Lo harán cuando tengan las condiciones para hacerlo. De lo que estoy segura es del fracaso de los pensamientos fascistas que buscan homogeneizar a los pueblos indígenas. Si pensaban aniquilar a los indígenas, han fracasado rotundamente.
¿Sobreviven todavía esas formas de pensamiento?– Cuando uno ve que a los indígenas profesionales no se les permite participar en los ministerios del Gobierno, cuando se ve el espacio real que le queda a muchas personas, pienso que mi mayor sueño es lograr la emancipación de los pueblos indígenas. Y eso se logra mediante su integración a los procesos. No hay derecho de usurpar un derecho que debe ser para todos. Guatemala es para todos. Y los indígenas tenemos mucha voluntad de participación, a pesar de todas las humillaciones.
¿Y cree que el mundo ladino es receptivo a esa voluntad de participar?– Lo va a tener que ser si desea ser incluyente. Ya no se puede tolerar que un grupo domine a todos los demás grupos.
A usted se le cuestionó mucho cuando, debido a un error del Banco del Comercio, se duplicó un depósito en una cuenta de la Fundación Menchú. Usted siguió un proceso legal para no devolver el dinero, hasta que se llegó a un acuerdo...– Ningún acuerdo. Al Banco de Comercio le metí una querella para que pusiera sus argumentos. Lo llevé a un tribunal y perdió el caso. Por farsante.
Más bien, el banco perdió la demanda por plantear sus puntos de manera extemporánea.– Los tribunales conocieron las pruebas y declararon con lugar. Los del Banco de Comercio deberían estar presos por hacerle a otros lo que intentaron hacerme a mí.
¿Y qué intentaron hacerle a usted?– Ellos sabían que estaba a punto de venir el presidente Chirac y creyeron que era muy fácil inventarme una vaina. Son unos abusivos y pensaron que la señora cuestionada iba a perder su honor, pero se toparon con un proceso legal y me encanta haberles ganado. Eso pasa muchas veces, la gente quiere aprovecharse de uno. Ahora mismo vamos a meter demanda por calumnia contra un par de gentes. Dicen que recibimos dinero de Berger, que recibimos dinero de Gutiérrez y de Bosch. Los vamos a demandar.
¿Habla de contendientes políticos suyos?– No voy a decir quiénes son. Lo sabrán en su momento.
Mucha gente critica al partido que hoy la postula, Encuentro por Guatemala, bajo la acusación de recibir dinero del empresario Dionisio Gutiérrez. – Que lo prueben.
¿Habría algo de malo en recibir contribuciones del señor Gutiérrez?– Para empezar, nosotros sabemos quién inventó estas cosas. Querían dañar la imagen de Nineth Montenegro y no lo lograron. Lo vienen diciendo desde hace dos períodos de gobierno y es falso. Pero, ¿a qué guatemalteco le da vergüenza comer Pollo Campero, pues? Si hay una empresa nacional que gana dinero y cumple con sus obligaciones y quiere donar de lo suyo para hacer obra social, no veo dónde esté lo malo. Ahora bien, si las calumnias pretenden crear especulación, eso puede ser: o porque se es competidor de este empresario o porque hay un odio en su corazón.
¿Y la ayuda el grupo Gutiérrez-Bosch en su campaña electoral?– Ya quisiera.
¿Está satisfecha con su incursión en los negocios? ¿Le ha ido bien con las Farmacias Similares?– Todavía no recupero mis Q200 mil que metí, pero así son los negocios. Tengo 29 por ciento de las acciones. En un negocio se esperan resultados, no he ganado mucho, pero algún día... Por lo menos, soy socia de Salud Total.
¿Qué piensa de Hugo Chávez?– No quiero hablar de él. No creo que sea mi prioridad referirme al señor Chávez. Me interesa ganar las elecciones en Guatemala.
¿Qué piensa de Evo Morales?– Es mi hermano, mi compañero de lucha y lo respeto mucho.
¿Qué piensa de Óscar Arias?– Quisiera proponerle que construyamos juntos un Esquipulas III. Una vez conseguida la paz, necesitamos lograr nuevos hitos que nos lleven hacia el futuro. Profundizar la democracia y hacer un esfuerzo mancomunado.
¿Tiene alguna percepción especial sobre estas elecciones?– Estamos culminando una etapa en la cual ha existido mucha oscuridad. Vamos hacia una más luminosa. Después de una crisis, un colapso como el que estamos viviendo (es una vergüenza que 21 partidos políticos se presenten a la elección), vendrá la calma y el renacimiento en todos los aspectos de la vida humana.
¿Es esta su oportunidad o lo será dentro de cuatro años?– Cuando lucho, lo hago por el día de hoy. Estoy entregada por completo a estas elecciones.
Agregar comentario:
9 comentarios: