El Tambor de la Tribu irrumpió en la escena musical guatemalteca hace poco más de dos años con una propuesta singular y un afán por ser profesionales. Mañana, la banda presenta su segunda producción, Alborada.
El Tambor de la Tribu irrumpió en la escena musical guatemalteca hace poco más de dos años con una propuesta singular y un afán por ser profesionales. Mañana, la banda presenta su segunda producción, Alborada.
Alejandro, el vocalista, es en muchos sentidos la voz líder: hijo de un conocedor de la comunicación, es un comunicador nato. Explica que ahora se sienten menos ingenuos y que conocen mejor cómo funciona la industria de la música en el país. No han podido, sin embargo, descifrar cómo se estimula el interés genuino de la industria internacional. No obstante, Alejandro se muestra optimista.
¿Qué pasó con el sueño de salir del país a tocar a grandes escenarios? - Sigue vigente, lo que pasa es que mientras más crecemos nos damos cuenta que aún hay que “afilar algunos cuchillos” para no salir afuera a perder la batalla.
¿Y cómo han “afilado cuchillos” desde 2005, cuando presentaron su primer disco? - En primer lugar las giras, te hacen madurar. Además, compartir escenario con grandes artistas también nos empapa de conocimientos. Por otro lado, perdimos el miedo al estudio de grabación, ahora confiamos más en nosotros mismos.
¿Cómo los han hecho madurar las giras? - El hecho de tocar juntos, de conocernos más y conocer nuestras limitaciones.
¿Cuáles son algunas de esas limitaciones? - Las producciones de los conciertos. Siempre te limitan los lugares en donde se hacen conciertos y el equipo. Es una lucha constante, pero ha ido mejorando.
¿Han visto crecer la industria de los conciertos nacionales en los últimos dos años? Pareciera no ser una buena señal cuando los grupos más populares del país tocan en bares o en colegios, en lugar de hacerlo en plazas más grandes. - Ahora ya no se percibe al artista nacional como algo malo o barato, pero hay que ingeniárselas para llegar a los seguidores de una manera más accesible.
¿Y es ahora más fácil para ustedes que sus canciones suenen en las radios? - Sí, ya se tiene un nombre.
¿O los siguen “extorsionando”, por decirlo así, que ponen sus canciones solo si tocan gratis en eventos de las radios? - Nadie regala nada, yo creo que es una relación gana-gana. Igual sí hay emisoras que solo quieren exprimir al máximo al artista nacional, y cada quién decide si trabaja así.
Mencionaste que se sienten más confiados en el estudio, ¿qué cambiarías ahora del primer disco, Afinando los cueros? - Las voces principales de algunas canciones. Por lo demás, creo que es un gran disco, muy bien logrado.
¿Cómo catalogas Alborada? - Otro discazo, más maduro, cocinado a fuego lento.
¿Qué lo hace más maduro o más elaborado? - Las voces y los arreglos, hay acordeones, mandolinas, requintos, guitarras acústicas, percusiones…
Y las letras, ¿son más maduras? - Algunas, creo que sí.
Si Afinando los cueros tuvo el mérito de darlos a conocer en el país, ¿cuál es la expectativa para Alborada? - Posicionarnos como una banda que llegó para quedarse. Y hacer la gira más prometedora a nivel nacional, llegar hasta el último rincón.
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