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Guatemala, domingo 10 de junio de 2007

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Actualidad: Nacionales

Del campo a la ciudad: yo también soy migrante

La ciudad es el lugar donde hay de todo... Oportunidades, especialmente, y por eso la gente del campo la busca. Estas son tres historias de migrantes internos que permiten dar una mirada a tres momentos de este fenómeno de cambio de domicilio: la del administrador de un restaurante que vive en la capital desde hace 30 años, la madre soltera que llegó hace 8 meses y el joven que hoy cumple 3 semanas de su arribo a la ciudad. La experiencia, el desencanto y la ilusión.

Mirja Valdés de Arias

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Aquí voy

Hoy cumple tres semana de haber llegado a la ciudad José Ramiro Quinillo. Le cupo la vida en una mochila, donde echó dos mudadas y luego viajó de Chicacao, Suchitepéquez, a probar suerte, a trabajar, a Guatemala, la capital. Quinillo es bajito y su cabello es oscuro, su cara es redonda y sus ojos rasgados.

Para este muchacho de 21 años, eso de levantar cosechas de café, zanjar árboles en las plantaciones de hule o cuidar la milpa, no era lo suyo. Ni eso ni los Q400 quincenales por levantarse a las 4:00 de la mañana y regresar a las 8:00 de la noche de las bananeras, como lo hace su padre. No. Él tomó un bus que lo dejó en El Trébol. Migró a la ciudad en donde había estado dos veces antes de visita. Quedarse es su plan.

“No estoy arrepentido, veo que aquí hay más oportunidades para mí”, dice. Mira hacia todos lados, mueve sus piernas y entrelaza sus dedos al hablar. Parece despreocupado. Está en la fase de las expectativas, muy confiado en cumplir sus metas: trabajar, estudiar y ayudar económicamente a su padres. Quinillo es el menor de cinco hermanos.

Al momento de esta entrevista, cumplía su tercer día en la capital, y el primero en su empleo en Polar Industrial, una maquila en San José Pinula. Todo bien, según el plan: “Tengo trabajo, y apenas vine”, piensa. Con tercero básico, logró colocarse como “azorador”, quien numera las piezas para que otro las ensamble y las convierta en prendas de vestir.

Hace dos semanas debía recibir Q325 o Q430, de acuerdo a su productividad. Todavía no sabe de los gastos que le esperan por vivir en la capital, aunque sus cuatro hermanos mayores le advirtieron: “así como se gana de bien, así se gasta”. Sus hermanos viven y trabajan en la capital desde hace tres años, cada uno formó su propia familia y por eso el recién llegado aceptó la invitación de un tío soltero, otro trabajador de maquila, para compartir la habitación, ubicada en un caserón en las afueras de San José Pinula, a solo 15 minutos de distancia de su lugar de trabajo.

El migrante interno tiene alguien que lo jala, quien lo ayuda: un pariente o un amigo. Como Quinillo, el 80 por ciento de sus compañeros en Polar Industrial son migrantes internos, asegura Alejandro Ceballos, gerente general. Según el XI Censo de Población 2002, al área metropolitana, todos los días ingresa un promedio de 43 nuevos habitantes originarios de los departamentos. ¿Qué los trae a la ciudad? Las oportunidades, dicen.

La mayoría proviene de los municipios más pobres del país como Chicacao, el pueblo de Quinillo, donde según el Mapa de Pobreza de Guatemala (Segeplan, INE y URL), el 86 por ciento de sus habitantes son pobres y el 30 por ciento extremadamente pobres. Hay quien opina que, como en otras ciudades de Latinoamérica, el área metropolitana y algunas ciudades como Quetzaltenango y Escuintla empiezan a padecer la urbanización de la pobreza porque no son capaces de absorber a todos en el mercado laboral y, por lo tanto, surgen cada vez más áreas marginales.

Sobrevivo

El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (Idies) de la Universidad Rafael Landívar realizó en 2004 una breve caracterización de la migración interna en Guatemala. Perfiló a los guatemaltecos que se mudan del campo a la ciudad: son jóvenes, la mayoría de entre los 17 y 18 años, aunque se cuentan casos entre los rangos de los 14 a los 24; han cursado la escuela primaria y, si son casados, tienen menos de 3 hijos; su experiencia laboral, además, está relacionada con actividades agrícolas.

Esta es exacta la descripción de una de las compañeras de trabajo de Quinillo, María Esperanza López Navarro, una mujer chiquita, que acaba de teñir mechones rubios a su cabellera castaña, sus ojos oscuros parecen melancólicos.:tiene 18 años, cursó hasta segundo primaria, es madre soltera, tiene un hijo de un año, y antes de pegar etiquetas con una plancha industrial, ayudaba a su padre con el azadón a sembrar maíz.

Ocho meses después de vivir en la ciudad, ya no la deslumbra ganar en una semana Q350, porque con una mano los recibe y con la otra paga su cuarto (Q300), la persona que cuida a su bebé (Q300), más sus comidas y pasajes. Su padre le pagaba Q300 cuando podía, y eso era aproximadamente cada 20 días. A veces debía esperar más tiempo. López gana más que en su pueblo, aunque escasamente le alcanza para ahorrar y construir una vivienda, su razón de migrar.

“Me está costando, pero ahí voy, mandando poquitos. Si me quedo en el pueblo, no podría ni levantar una pared”, se anima.

Parece mentira, pero lo que a López no deja de sorprenderla es el alumbrado público. “Es tan bonito salir de noche y que haya luz en la calle…”, dice. En el caserío Ixchoy, de San Miguel Ixtahuacán, San Marcos, de donde es originaria, hasta hace un par de meses instalaron la energía eléctrica. La casa de sus padres, aunque de adobe, es grande. En la ciudad, un catre, una estufa y una mesa le alcanzan para vivir en el pequeño cuarto que comparte con su hermano, en un caserón habitado por otros migrantes, como ellos, tal y como vive Quinillo con su tío.

El 86 por ciento de los pobladores de San Miguel Ixtahuacán son pobres como López. Es uno de 18 municipios con más del 70 por ciento de pobreza de los 27 que tiene San Marcos.

La miseria y las migraciones tienen una estrecha relación, el efecto push-pull (expulsión y atracción), explica Marco Sánchez García, consultor en economía del PNUD. “Las características sociodemográficas desfavorables de un municipio provocan que la población migre (expulsión); y las características económicas favorables de algunos municipios atraen a los migrantes (atracción). San Marcos, por su pobreza, es de los que más empuja a la migración a sus habitantes”, explica. Cada semana, la capital recibe un promedio de 40 marquenses como López.

¿Regresará esta mujer a Ixchoy? Talvez. De momento, construye su casa en San Marcos, aunque por ahora se siente cómoda con su “libertad”. “Mi libertad, porque aquí hay más lugares a donde ir a pasear, el Paiz para ir a comprar…”.

Vine, vi y vencí

Hay referencia de las migraciones a la capital desde el censo de 1950: para entonces, 23 de cada 100 habitantes de la ciudad indicaron haber nacido en un departamento del interior del país. La tendencia se mantiene. En 2004, la relación fue 22 de cada 100, señala Florentín Martínez, investigador del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR), de la Universida de San Carlos.
A principios de este año publicó El proceso de urbanización en Guatemala 1944-2002. En los censos de 1964 y 1981 hubo un repunte de migrantes, 26 y 28, respectivamente, de cada 100 dijeron no haber nacido en la capital.

En esos años migró Arsenio Ruiz de la Cuesta junto a otros diez jóvenes de la aldea Barranca Grande, San Cristóbal Cucho, San Marcos (69 por ciento de pobreza). “Exactamente nos vinimos el 20 de octubre de 1976, salimos a las 4:00 de la mañana y llegamos a las 4:00 de la tarde. Fue algo lindo cuando llegamos”, cuenta Ruiz, un hombre de 47 años. Estaban conociendo la ciudad. Migraron en octubre, cuando el trabajo en las fincas de café se detiene para reanudarse hasta en mayo.

Ruiz tenía 16 años. Como a la mayoría de migrantes, sus hermanos lo ayudaron en el proceso de migrar. “Al principio éramos 3 y después los 6 hermanos en un cuartito en la 35 calle de la zona 8, cada uno tenía su catre; los doblábamos en las mañanas para tener más espacio”. Al primero de sus hermanos, un tío lo ayudó. El cuartito estaba cerca de la Terminal, para entonces la puerta de entrada a la ciudad. Desde el mostrador del restaurante que administra ahora, hace un recuento de sus primeros años lejos de casa. “Lavé carros, molí manía en una fábrica de dulces, vendí cubiertos de casa en casa, fui mesero en una cevichería y ahora administrador de este restaurante. Trabajé de lo que fuera, ahora las maquilas están para los recién venidos”, compara escenarios de hace 30 años con los actuales.

Pero más que venir a trabajar, él quería estudiar. “Saqué sexto primaria allá en la aldea, pero yo quería más”. A veces de día y otras temporadas de noche, pero siempre estudiaba, se graduó de perito contador. “ …Pero yo quería ser además abogado, no lo logré por los horarios”, se lamenta. Ruiz cursó hasta el tercer semestre de la carrera.

“A los migrantes nos va bien, nos va mal, todo depende de qué se entiende por bien o mal. Un amigo, por ejemplo, para conseguir casa se fue a invadir; si usted le pregunta, él cree que le fue bien porque tiene casa a pesar de que al principio fue timado. Para mí, eso no es que le haya ido bien”, reflexiona. La presencia de los migrantes del campo incide en el crecimiento de áreas marginales en la ciudad, según la caracterización del Idies.

En su repaso por casi 31 años de vida en la capital, Ruiz contó las muchas veces que sus amigos pasaron largas temporadas sin empleo. “No las viví en carne propia, pero creo que se debió a que yo sí estudié y ellos solo aprendieron un oficio”, opina. Según el documento del Idies, la escasa escolaridad condiciona el éxito del proceso migratorio. “Nos reconocen fácil cuando hablamos (ríe), y también por eso somos blanco fácil de engaños”.

De los 10 adolescentes que emprendieron el viaje de 12 horas en bus desde Barranca Grande, en octubre de 1976, 4 se regresaron; 2 de ellos migraron después a Estados Unidos. Ruiz se casó en la capital con otra migrante del interior, una zacapaneca. Tienen tres hijos y una casa de colonia –que todavía pagan– camino a San Juan Sacatepéquez. A lo largo de estas tres décadas ha ayudado al menos a cinco de sus paisanos a migrar a la ciudad. “Siempre les digo: ‘Si vienen, vengan a estudiar, porque para ganar Q1,500 en una maquila mejor quédense allá... al final sale lo mismo, porque todo es más caro y ajetreado aquí’”.

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3 comentarios:

  1. Pedro Reyes W.: (2007-06-10 16:38:31 horas)
    El leon juzga segun su condicion. que dato tan interesante ver de donde emigra mas gente y hacia donde va.
  2. Hector Garcia: (2007-06-10 12:12:56 horas)
    Precioso articulo el que escribe la Sra. Mirja de Arias. Siempre ha sido una realidad que la migracion se da en el interior y al exterior de los paises. Este articulo retrata la vida de los migrantes internos. Asi, anoche leia en ElPeriodico la propuesta de uno de los candidatos sobre la creacion de un Consejo (48 horas despues de asumir la presidencia?). Creo que lo indicado por ese politico, mas deberia ser un plan de ayuda a los guatemaltecos que por la necesidad de un futuro mejor migran de sus comunidades a la capital o a los departamentos donde consideran que van a superarse. Los migrantes al exterior, aunque necesitan del apoyo de sus gobiernos. Creo que la vulnerabilidad de los migrantes internos deberia ser la prioridad a efecto de que no tengan que emigrar a otros paises. El gobierno deberia generar programas que ayuden a los connacionales que migran internamente, a superarse (educacion, salud, leyes) y politicas para el desarrollo de la agricultura, industria y servicios para que se logre crear mas empleos; y dar garantias para para tener seguridad a afecto de atraer inversion. El gobierno que atienda seriamente estas prioridades tendra exito. Los que sigan con sus ofrecimientos fantasiosos sin ningun susutento programatico, estaran destinados al fracaso y la situacion de los guatemaltecos seguira igual o peor y la unica alternativa sera migrar. Atentamente, Hector
  3. E. DANILO PINALES: (2007-06-10 08:23:48 horas)
    Si algo me revienta y he criticado es la actitud segregacionista de los habitantes de la ciudad hacia los de provincia, especialmente cuando son indigenas. Tipicamente son a los que se les asigna los peores trabajos y mal renumerados, encima de eso, se les descrimina por su color de piel y pelo, indio aqui, o maria alla, si alguno de estos inhabilitados mentales se cree decendiente de los noruegos o españoles (chiss) que me lo diga para tener una amena platica. danilopinales@yahoo.com
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