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El medio día del lunes 12 de marzo las autoridades del Liceo Javier se preguntaban cómo explicar a más de mil alumnos de la jornada matutina que dos de sus compañeros acababan de ser asesinados en la puerta del colegio. La tarea requirió de rapidez, ingenio y a la vez cautela. Tres meses después, el proceso de duelo ha servido para que un grupo de alumnos de quinto bachillerato madurara y toda una comunidad educativa aprendiera a superar el dolor enfrentándolo.
Las fotos de Ronald y Víctor Doroteo Tello Batres, tomadas la mañana deportiva del 10 de marzo, fueron colocadas por sus compañeros en la cartelera, semanas después del incidente. Una experta en manejo de crisis había sido contratada. Dos horas diarias, desde la tarde en que los hermanos fueron asesinados, charló con sus compañeros, quienes se negaban a que los escritorios fueran ocupados.
Poco a poco los sentimientos, primero de cólera, luego de impotencia y de tristeza, afloraron, recuerda Isabel Martínez, la orientadora. “Nadie está preparado para algo así”, comenta.
Una semana después los compañeros de losBatres hicieron una fogata. Habían escrito cartas de despedida. Escucharon su música favorita y pidieron comida rápida. Era el principio de cerrar un proceso de duelo.
Memoriales, banderas a media asta, moñas verdes que fueron colocadas en los suéteres en señal de esperanza de que la violencia cesara, camisetas con sus nombres, concursos literarios y la celebración del Día de la Madre con Gladis, la madre de sus compañeros, sirvieron para cerrar gradualmente el ciclo .
El 17 de marzo estaban programados los exámenes de orientación vocacional que fueron suspendidos. Antes de la tragedia 10 habían decidido que no tomarían la prueba porque no estaban interesados en su futuro, dijeron.
Hace pocas semanas las evaluaciones fueron reprogramadas y todo el bachillerato hizo la prueba. Los asientos de Ronald y Tello ya no permanecen vacíos. “Aunque ha sido una experiencia dura, ha servido para generar competencias y valores”, dice el sacerdote Luis Achaerandio, catedrático del colegio.
El 20 de mayo Doroteo Batres fue asesinado, y Gladis tuvo que salir del país acompañada del único hijo que le queda.
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