“Uno de los logros de este Gobierno (no) es la estabilidad monetaria”
Edgar Gutiérrez
Para tratar la economía no hay que ser economista. Y para ser candidato no es condición ser experto en todo. Pero ambas responsabilidades tienen requisitos, como la claridad conceptual y la comunicación sencilla (no simple); argumentos nutridos con información buena y honradez al hablar de las implicaciones políticas de lo que se propone. A veces los candidatos creen que la parafernalia es solo recitar un farragoso menú de acciones, enfatizar nobles propósitos, quedar bien con el público y no inquietar a los financistas.
El candidato es pedagogo. Su arte descansa en saber explicar por qué adopta tal objetivo entre otros posibles, y cómo puede abrir las oportunidades a su pueblo. En la política económica, dos más dos no suma cuatro. Las acciones y proposiciones tienen jerarquía. En el ejercicio del poder político lo que cuenta es la estrategia, no el programa seguido como receta de cocina.
El candidato es un político –no aprendiz de tecnócrata– que enseña por qué lo que propone no se hizo hasta ahora, y advierte que las disposiciones que él sugiere –si son verdaderas– provocarán resistencias, y que por eso buscará movilizar a quienes se beneficiarían. El político no corre feliz en auto deportivo; tiene que avanzar cuidadosamente en doble tracción.
Un programa económico nunca es neutro ni equivale a una rebosante arca de regalos para todos. Tampoco somos testigos de una historieta de buenos contra malos, honrados contra delincuentes. La condición humana es infinitamente más compleja que esa caricatura plana. Y en economía –fuente de poder y riqueza, arena dura de la supervivencia– esto es todavía más cierto.
Por ello decepciona la primera aparición en racimo ante Cacif de los cinco candidatos que, se dice, tienen las preferencias de los electores. Vale la pena dedicar en las próximas semanas algunos comentarios sobre el “no” debate. Aparte de lo obvio (uniformidad de planteos y falta de costura interna de los programas) quiero explorar por qué no exponen un modelo, una visión arquitectónica de conjunto, y a qué se debe que abracen el ornitorrinco económico que nos gobierna.
Arranco con ligeras observaciones. Rigoberta Menchú: la Ley del Catastro de 2005 no es un diseño que sustente la reforma agraria. Harold Caballeros: “uno de los logros de este Gobierno (no) es la estabilidad monetaria”, pues hace ocho meses la desbarató. Álvaro Colom: “el Convenio 169 (no) solo habla de consultas (y éstas sí son) vinculantes”; es Ley de la República. Otto Pérez: “Fuerzas de tarea contra maras, feminicidios, robo de vehículos”. El General piensa como mayor. Alejandro Giammattei: el Ejército a combatir el contrabando. ¿Tiene sentido replicar la receta que anidó la “red Moreno” en los años setenta?
0 comentarios: