“Las malas ideas económicas nunca mueren, solamente cambian de forma”. El aumento en los precios de los combustibles, los efectos directos e indirectos que conlleva, es capaz de resucitar hasta la más mala de las ideas económicas. Claro está, tan hábilmente disfrazada que confunde hasta al más experto de los expertos. Dada la multiplicidad de disfraces que tales ideas pueden tomar, y la importancia del tema subyacente, es importante recordar que detrás del mismo se encuentra el anhelo de proteger al consumidor. En nombre de la aparente posición menos ventajosa del consumidor dentro de una transacción y los supuestos abusos que se dan dentro de una economía no regulada, gobernantes y políticos llenos de (supuestas) buenas intenciones harán todo lo posible por proteger al consumidor. A pesar de que tal protección implique poner en práctica ideas que se sabe bien no han dado los resultados deseados.
En términos generales, la mejor forma de proteger al consumidor es mediante una intensa competencia entre los oferentes, vendedores, dentro de un mercado. Mientras más competitivo sea un mercado, tarde o temprano, mejores tendrán que ser las condiciones que se ofrezcan al consumidor: menores precios y mejor calidad. Invariablemente, cada vez que se ha buscado proteger a los consumidores mediante regulaciones sobre las acciones de los oferentes el resultado ha sido el contrario. Las intervenciones gubernamentales que reducen la intensidad de la competencia entre los productores, que impiden la transparencia en el uso de la información dentro del mercado e impiden el adecuado funcionamiento del sistema, terminan generando mercados oligopólicos y asegurando ganancias extraordinarias para los productores.
En pocas palabras, la protección al consumidor se transforma en protección al productor. Y, al igual que dijera Milton Friedman hace unos 30 años en un célebre debate acerca del tema en cuestión: “no se confundan, estoy del mismo lado que ustedes, del lado de los consumidores”. Por tanto, aunque no lo parezca, la protección al consumidor depende de mejorar el desempeño de los mercados, haciéndolos más competitivos, de generar más y mejor información, que facilite al consumidor la toma de decisiones, de garantizar el cumplimiento de los contratos y de facilitar la resolución de conflictos entre compradores y vendedores.
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3 comentarios:
Samuel Perez: (2007-06-11 16:22:39 horas)
La mejor proteccion al consumidor es la competencia, mientras menos imperfecciones tenga, mas ventajas al soberano: al consumidor. Sin embargo la libre competencia es teorica. Los supuestos no se cumplen en la mayoría de industrias. Sobre todo con un Gobierno "regulador" que discresionalmente es juez y parte, como ha sucedido en Guatemala.
Es el consumidor el que bien informado, debiera estar en la capacidad de decidir que productos adquirir y cuales no... De acuerdo a la calidad del producto, los niveles de satisfaccion e incluso las externalidades que los productos ocasionen. El que escoge y paga es el consumidor.
En un país como Guatemala la libre competencia tambien funciona, pero no se puede exigir mucho en cuanto al Soberano. El Soberano, a nivel agregado, es ignorante (4 años de escolaridad promedio) y vive en promedio con alrededor de 2 dolares diarios. Por eso las 9.99, la ropa de paca y los cd pirata abundan. Pues el consumidor es quien escoge esos productos y alli se ve mas claro lo que la teoria economica dice. Ahora, quien dice que esos productos son los optimos? El Soberano. Pobre e ignorante, quien hace que la competencia solo reproduzca una economia de pobreza.
En el caso de los combustibles fosiles es una utopia creer en la libre competencia. Ante la crisis, los subsidios temporales pueden ser de ayuda en el corto plazo en Guatemala, siempre y cuando existan estrategias de largo plazo que no permitan depender del subsidio para abaratar el nivel de precios y que se encaminen a romper la enorme dependencia al petroleo. Guatemala, siendo productor de maíz, debiera estar ya evaluando la creacion de plantas de biocombustibles para consumo interno y eventualmente exportarlo. No se confundan, estoy del lado de los productores, pues qué es un productor al final de cuentas, sino tambien un consumidor?
sergio licardie V.: (2007-06-11 09:37:10 horas)
Las oficinas que se encargan de promover la defensa del consumidor tienen todas las características de los organismos de justicia, favorecen a los que mas pagan, a los medianos les aplican la ley y defienden al comprador que tiene problemas con las pequeñas empresas, el ganancioso es el gobierno con las multas y la satisfacción personal de sus empleados. Es ilusorio y utópico que el libre mercado, la libre competencia, favorezcan al comprador, cuando son espacios retenidos por la ilegalidad. Si se dice que la economía informal constituye la mayoría de las relaciones comerciales ¿A quién se va a demandar? Los otros son las grandes empresas, se puede demandar a la luz, teléfonos, pero nunca nos hacen caso. Quién demanda a los transportes, panaderías, carnicerías, etc. y a los hospitales, la policía, las escuelas, que son empresas de gobierno. Si el esquema es la globalización, quien demanda esas empresas o al virus que nos meten por Internet. En realidad cuando ejecutan a las pequeñas empresas y por cositas, algo hacen, el resto es aguantarse y no ir a perder el tiempo
Tenas Garvaro: (2007-06-11 07:25:04 horas)
Las malas ideas económicas nunca mueren. En el CIEN se encargan de mantenerlas vivas.
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