La pelota está en la cancha de los gobiernos centroamericanos.
Gabriel Aguilera Peralta
Entre los romanos, los Idus eran los días propicios. Esperemos que el inicio de la negociación entre Europa y Centroamérica en junio, con vistas a un “Acuerdo de Asociación”, sea un Idus.
El antecedente es el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC, CAFTA), que motivó críticas aduciendo que durante el proceso no se defendieron adecuadamente temas esenciales para la región y que por ello, el Tratado no redundará en beneficios sociales. Igualmente se afirma que no existió suficiente comunicación entre los Gobiernos y la sociedad civil durante la negociación.
El Acuerdo de Asociación con Europa puede ser muy diferente por ser integral, con tres componentes: diálogo político, una zona de libre comercio y una dimensión de cooperación.
El diálogo político busca unificar visiones entre ambas regiones sobre temas nacionales e internacionales. Dado que la Unión Europea ha construido sociedades de democracia profunda, con los niveles mundiales más altos de respeto a los derechos humanos, de género, laborales y étnicos, ese intercambio debería estimular a Centroamérica para nivelar “hacia arriba”, hacia los parámetros europeos, los indicadores en esos campos.
En lo internacional, la Unión Europea propicia el multilateralismo en contraste a las actuaciones unilaterales de Estados Unidos, lo que puede permitir ampliar la autonomía relativa de los países pequeños.
El libre comercio es un componente más en el Acuerdo. Con el precedente de las preferencias arancelarias, el componente vendría a consolidar mejores condiciones para una relación de comercio recíproco, equitativo y que tome en cuenta las asimetrías, así como el criterio de contribuir no solamente al crecimiento económico sino también y prioritariamente al desarrollo social.
El tercer elemento busca contribuir al desarrollo mediante la ampliación y el perfeccionamiento de los programas de cooperación entre las dos regiones.
Europa ha puesto como criterio que Centroamérica no negocie por separado, como en el CAFTA, sino en conjunto y que haya avanzado en la integración alcanzando al menos la unión aduanera. Aún no se ha logrado una solución sobre esos dos aspectos. Centroamérica propone ser representada por medio de voceros rotativos, dado que Costa Rica se ha opuesto a un solo negociador. Y la Unión Aduanera no se ha logrado, por la dificultad de llegar a entendidos en temas como los criterios de recaudación y distribución de los impuestos de importación.
La sociedad civil, teniendo presente la experiencia del CAFTA, demanda una participación institucionalizada que le asegure incidencia. Se propone que el Comité Consultivo del SICA, espacio de sociedad civil en el sistema centroamericano, en forma conjunta con la representación de sociedad civil europea, se vincule con la Comisión Mixta UE-Centroamérica.
La pelota está en la cancha de los Gobiernos centroamericanos. Esperemos que encuentren fórmulas que avancen la representación conjunta y un itinerario claro para la Unión Aduanera. La oportunidad es muy buena para desperdiciarla.
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