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Opinión:

Humor suicida

Pensaba en Mini-Mini. No recuerdo uno solo de sus chistes.

Por: Mario Roberto Morales

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El 7 de junio, a eso de las 9:00 de la soleada noche veraniega, estaba yo departiendo con entrañables amigos en una cava de la Plaza Mayor de Madrid, cuando un músico que tocaba su teclado y cantaba canciones de amor, me preguntó si yo había estado antes en aquel lugar. Le respondí que no lo creía así, y él siguió cantando. Más tarde, durante una de sus pausas, me preguntó si yo era guatemalteco. Le dije que sí, y entonces me contó que él había trabajado hacía varios años con un cómico de mi país llamado Mini-Mini. “¿El del sombrero enorme?”, le pregunté. Y me dijo que no sabía lo del sombrero, pero que habían trabajado juntos en Canarias y no sé en dónde más. Agregó que guardaba todavía una cadena de oro que Mini-Mini le había regalado a uno de sus hijos para su bautizo.

Al cabo de un rato, salimos al esplendor de la plaza y caminamos lentamente hacia la Puerta del Sol y luego hacia la Plaza de España a lo largo de la Gran Vía, en donde nos despedimos después de haber conversado sobre lo que nos interesaba durante toda la tarde. Cuando iba en el metro, pensaba en Mini-Mini, en sus estridentes movimientos corporales cuando bailaba agitando el ala de su inmenso sombrero de charro, y en su agilidad y fluidez escénica. No recuerdo uno solo de sus chistes. Pero la mención que el músico de la cava hizo de él, me puso a pensar de nuevo en la construcción humorística de mi país, reciclada constantemente por las masas mediante una ironía mordaz que a menudo se torna autodestructiva.

Mis amigos y yo habíamos almorzado en un restaurante mexicano en el que nos recibieron con canciones de Vicente Fernández. Yo, en broma (aunque no tanto), les dije que Vicente era nuestro Jean Paul Sartre y que José Alfredo Jiménez era nuestro Emmanuel Kant. Y cuando dije “nuestros” me referí a la América Latina, un continente con muchos más cantautores y poetas que pensadores y científicos, y con muchos menos humoristas que malos novelistas y peores cultivadores del ensayo.
Las notables excepciones confirman con rotundez la regla. Por suerte, mis amigos sabían reírse de sí mismos, y por eso el salvadoreño hacía chistes sobre su país y sobre el acento de sus compatriotas, y yo hacía lo propio con ese terruño que sueña con levantar un vuelo más alto que el del “cóndor y el águila real”, como dice la canción, pero que parece tener un puñado de sal de mesa en su cola de perico de pecho colorado.

Un par de noches antes había conocido a algunos de los estudiantes de Antropología a los que habría de ofrecer una conferencia el lunes 11, en la Universidad Autónoma de Madrid, y conversamos acerca de la versión que de América Latina tiene la academia estadounidense y que está colándose en la universidad española. Como yo vengo de regreso de esa experiencia en Estados Unidos, la conversación estuvo muy animada, aunque me sentí medio desalentado de pensar que todo ese fárrago de extravagancias posmodernistas sobre la subalternidad, la “corrección política”, la “acción afirmativa” y los oenegismos puritanos, estaba alcanzando a estudiantes guatemaltecos ya no solo en Estados Unidos sino también en España. Es tan pertinaz esta versión farisaica de nuestras realidades que, en Guatemala, más de diez años después de librado un sano debate interétnico en la prensa, una nueva ola de indigenistas reciclados vuelve a insistir en el esencialismo y el fundamentalismo etnoculturalista como “solución” a los problemas de nuestra interculturalidad, signada por la explotación y la opresión de amplios conglomerados indígenas por parte de una oligarquía decimonona.

Por todo, cuando iba en el metro pensando en Mini-Mini y en la construcción cómica de mi “pequeño y horrendo país”, se me ocurrió provocar (más aun) la amargada ira de los “blogueros” profesionales a quienes les suele sentar muy mal mi sentido de la comicidad, y proponerles orar por una solución telúrica para nuestro país, que lo haga desaparecer, como también dice la canción, “de dos mares al ruido sonoro”.  
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9 comentarios:

  1. juan pinto:
    A huevos, en España se podria perforar la condicion academisista exigiendo DERECHOS DE REPARACION al genocidio Indigena...o perdon, me olvido de repente que para usted eso paso hace mucho rato y al estilo Shopenhauriano se justifica en que usted no es responsable por los delitos de sus ancestros (inteligencia academica)

    Solucion...al carajo la Universidad y a educar a la Clase Pobre, la Universidad sera un estatus de gente que si le funciona el coco y no un colectivo de FASHION.

    Esta vaina tiene solucion, pero a pesar de que fue terminado de educar en una academia gringa y reconoce los trascendentales aportes de los movimientos de reforma academica y de derechos civiles de los 70 en los ESTABLOS UNIDOS, no acepta que Europa esta mas frita que un pescado del puerto de san Jose...

    Sentido del Humor es bueno y saludable, pero El Cinismo mata el Gozo.



    Recomendacion(en broma)....Viaja, trate de comer lo tradicional de los lugares, sino cuando va a China, no va encontrar tortillas a menos que las lleve.
  2. sergio licardie V.:
    Después de leer su proclama de "Solo Yo contra toda la.......etnicidad mundial" queda uno muy satisfecho de su sentido del humor.
  3. Guillermo Maldonado C.:
    Que no lo desalienten en otra parte don Mario, cuando venga a Guatemala, piense un segundo como es la práctica devenida de la mentalidad ladina y es posible que se sienta aliviado frente a cualquier esencialismo. Si ya no está el Mini, en la sexta consigue todos los chistes de Velorio.



  4. Alfredo Schilling:
    El humor españól nada que ver solo vea los horrendos espectaculos de las peliculas de cine a veces vemos aca las cuales son asquerosas y con un lenguaje de cloaca. Juan Pinto le invito a dar un paseo a Almolonga para que vea que esa comunidad trabaja unida. No es cuestiòn de raza es cuestiòn de querer trabajar y hacer bien hechas las cosas no esperar que nada nos venga de regalado fomentando el resentimiento hacia gente que a trabajado toda su vida y por eso tienen.
  5. Cesar Martinez:
    Que bonito habla Mr. Schilling, parece que se sabe bien las ridiculeces que les repiten a la gente en la megafrater o casa de dios
  6. Guillermo Comelli:
    Esta columna es suicida porque contiene el tipo de humor negro que despierta nuestros instintos innatos de “pegarle un tiro” al que se refiera en esos términos de nuestro país. Tuve que leer esta columna dos veces para que se me enfriara la sangre y para entender el “animus chingandi” con que el autor la escribió, porque esas frases de “como dice la canción” –nuestro largo pero hermoso himno nacional-, “pequeño y horrendo país” –que ni es pequeño ni horrendo-, “guatepeor” –en otra columna del mismo escritor- son algunas de las expresiones que activan ese “gen homicida” a aquellos que amamos a nuestra bella Guatemala, el país que nos vio nacer. Por otro lado, me interesa aclarar lo de “blogueros profesionales”. No creo que existan, creo que todos somos aficionados. Lo que sí existe es periodistas “faferos”. Evitemos, pues, las calumnias al estilo de Minondo y tratemos de ver el lado positivo de Guatemala, donde el pecado abunda pero abunda más la gracia.
  7. Carlos A. González:
    Ni hablar, el humorismo del autor despierta la ira colectiva. De ahí a pensar que no ama a Guatemala, hay un trecho muy largo. ¿Fafero Morales? ¿Quién creen que le daría medio bilimbique? ¿A favor de quién está?
  8. Scarleth Fajardo:
    MR, me gustó mucho la imagen más que real "yo hacía lo propio con ese terruño que sueña con levantar un vuelo más alto que el del “cóndor y el águila real”, como dice la canción, pero que parece tener un puñado de sal de mesa en su cola de perico de pecho colorado" Guatemala, es un país afortunado, si no fuera x su gente por ser la más viva representación de la carnicería en marcha del espíritu, de cotidianos sicariatos, de alcoholizados personajes eidéticos condenados a morir de mengua en medio de una farsante sociedad gazmoña hasta lo indecible. La hijoeputez de nosotros sus ciudadanos empeñados en descuartizarnos, descabezarnos, destriparnos sin fin hasta el aniquilamiento recíproco y si lo digo de esta forma, es porque amo a esta tierra pero el hecho de amarla no me provoca ceguera. No tiene palabras cloacas que ofendan a sr. Schilling, así que publiquen. Salu2
  9. Byron Garoz:
    Lo de "bello y horrendo país" es de Otto René Castillo.

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