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    Guatemala, jueves 14 de junio de 2007

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    OPINIÓN

    Carta a un padre irresponsable

    Dina Fernández

    No hay excusa para abandonar a los hijos.

    Se acerca otra vez el Día del Padre y usted regresa a mis pensamientos, como esos remolinos de basura que el viento agita en la calle.

    Por fortuna, ni mi padre ni mi esposo se parecen a usted. Suerte la mía, puedo celebrar el 17 de junio. Ese es un lujo en Guatemala, porque aquí hay demasiados padres como usted, que no se merecen ni el nombre.

    Hace tres años usted abandonó a sus hijos. Ahora puede engañar a mucha gente. A sus socios, a sus amigos, a quienes se sientan en la misma banca que usted en San Judas Tadeo. Sus mentiras pueden persuadir hasta a la Corte de Constitucionalidad, ya que el hecho de ser usted pariente de un magistrado suplente, que vive cobijado entre las sotanas de una Universidad privada, lo libró de ir a dar a la cárcel por negarle los alimentos a sus hijos. (¡Habrase visto! ¡Cuando la misma Carta Magna establece la responsabilidad de proveer a los niños!)

    Pero a mí usted no me engaña. Yo sé la historia porque la he visto. De nada le sirven los trajes caros, ni el Mercedes, ni la oficina en Europlaza. Y de nada le van a servir el día que tenga que rendir cuentas de su vida.

    Usted presume de ser un empresario de éxito, se somata el pecho los domingos e inventa excusas para justificar que borró a tres niños de su vida, incluso al más chiquito, a quien ni siquiera conoció.

    Cuando yo los veo jugar y me admiro de lo mucho que han crecido y madurado, de la forma en que han vuelto a sonreír a pesar de lo duro que los ha tratado la vida, me pregunto si usted se acuerda de ellos, si le hacen falta, si al menos el día de su cumpleaños siente el impulso de llamarlos para oír su voz.

    Pero me imagino que usted se sacude los recuerdos como quien se quita el polvo de los zapatos.

    No me explico cómo lo logra, cómo hace usted para dormir tranquilo sin saber qué ha sido de esos niños que usted trajo al mundo, cómo se lleva el tenedor a la boca sin preguntarse si comieron ese día o no, si han ido al doctor, si tienen las vacunas al día, si asisten al colegio.

    Supongo que usted no pierde el tiempo en esas tonterías. Pensará que la madre debe encontrar la forma de ocuparse del esperma que usted dejó tirado.

    ¿Y sabe una cosa? Gracias a Dios, tiene razón. A los niños no les ha faltado nada.

    Talvez ya no gozan de los lujos a los que antes estaban acostumbrados. Ya no se mueven en X5 ni viajan a Disney, pero tienen algo mucho mejor: el ejemplo de su madre, que los ha sacado adelante a pesar de las enormes dificultades con las que usted encuentra divertido abrumarla.

    Porque para eso se ha pintado. No le bastó con dejarla en la calle, patearle la puerta y los muebles, quitarle la casa, el carro y hasta el último centavo. Ahora pretende arrebatarle hasta el salario.

    Cuesta entender de dónde le brota a usted tanta saña. ¿Será complejo de inferioridad? ¿Se siente inseguro de su propia hombría?

    Desde que los venerables magistrados de la CC decidieron extender la impunidad a los zánganos, se le ha visto en restaurantes y centros comerciales, dándose la gran vida.

    Usted se cree importante, y de una manera sociológicamente dantesca lo es: usted encarna el origen de muchos de los males de Guatemala. Porque abundan hombres como usted, es que somos un país timorato, sin amor propio, propenso a la cólera y al abuso, dispuesto a descargar su ira sobre el más débil y admirar al despiadado y al corrupto.

    La próxima vez que alguien alrededor suyo se queje de la violencia, de las maras, del irrespeto a la Ley, haga el favor de cerrar su boca. En usted empieza esa gangrena.

    Así que, celebre este domingo. Siéntase orgulloso. No piense ni por un segundo en esos niños que fabricaron un pisa papeles de papier maché que se quedarán sin entregar.

    La verdad, ellos están mejor sin usted. Lástima que usted haya decidido perdérselos, porque algún día usted va a comprender que el amor es lo único que vale y lo único que salva, y que usted es menos porque no quiso ser su padre.    

    Dina Fernández

    13 junio 2007

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