Opinión:
Varios defensores del neoliberalismo, promovido por la Universidad Francisco Marroquín, me han escrito para señalar que mi planteo sobre esta doctrina es erróneo. No busco desprestigiar ni atacar sin razón a la institución. Mi punto de partida es pensar Guatemala desde Guatemala y no desde un Premio Nobel austriaco de Economía, que en nada se acerca a la realidad política y económica del país. En la crítica no se me pudo rebatir el “ahistoricismo” ni la vocación oligopólica del neoliberalismo. Más bien se centró al planteamiento moral y a la defensa irrestricta de los gurús del neoliberalismo. Ni decir del maniqueísmo bipolar de “lo bueno y lo malo”.
Si bien en esa institución se parte de la misión de la “enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”, me parece necesario preguntar: ¿qué quiere decir esta misión para una sociedad tan desigual como la guatemalteca?, ¿sobre qué bases se funda esta doctrina?, ¿qué tipo de sociedad y sistema legitima esta misión? Cuando se menciona la difusión de principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres, ¿no se apuntará más bien a la propagación de ideologías neoliberales para la legitimación del sistema económico de una sociedad regida oligárquicamente, con el nombre de “sociedad de personas libres y responsables”? Intento repensar colectivamente qué se está enseñando para Guatemala. Mi punto de partida para hacer esa reflexión crítica es la sociedad descompuesta y fracturada. Desigual y polarizada. Mi punto de llegada es la democracia radical. También la necesidad de preguntar que si el neoliberalismo es tan bueno, y que si sus glorias contables son Estados Unidos, Inglaterra y los reservorios de millonarios de Europa, como lo es Viena, ¿por qué lo recetan sobre todo a los países pobres y no lo consumen ni de chiste al interno de los mismos países que lo exportan? Y, allí, donde ha sido aplicado, las consecuencias de la injusticia social son evidentes. ¿Acaso lo hacen así porque se limitan a ser sádicos, pero no masoquistas? Creo necesaria esta reflexión con y desde mi generación, una generación nacida en la “década perdida”, los ochenta. Busco recordar que para una gran mayoría de jóvenes que nacen en los años ochenta y viven su juventud en la segunda mitad de los años ochenta y primera de los noventa, son sujetos producto de una época específica: la resaca que dejó la guerra y la crisis económica de los ochenta. Sin embargo, esto no parece ser un punto de partida para pensar el país para otro sector de la sociedad, alejada y distraída de los conflictos de su tiempo, sumida en construir una sociedad regida por el mercado de personas “libres y responsables”. Mi planteo no es otro que partir de la realidad. De lo que ha sido y es Guatemala. Partir de una sociedad “libre e igualitaria” es un mito. Esa sociedad no existe en Guatemala. La Universidad debe ser un espacio de reflexión sobre qué somos y hacia dónde vamos. Debiera operar como agente transformador social, más en una sociedad que merece ser pensada desde la desigualdad. El neoliberalismo reproduce ideologías que legitiman un sistema de desigualdad económica. Por tanto, el neoliberalismo y los monopolios de las oligarquías legitiman un sistema de dominación y continuidad de los grupos de poder. La estrategia debiera ser solamente partir de lo que somos, de lo que ha pasado y pasa ahora en Guatemala. ¿No es acaso la combustión social el mejor espejo de nuestra caótica y asaltada democracia? Yo no tengo la respuesta. La debemos buscar y diseñar entre todos los guatemaltecos, en la búsqueda de un interés nacional que tenga por base un proyecto económico que interese a todos los sectores de la sociedad, que pase del “yo” al “nosotros”, que empiece por delinear intereses interclasistas, interétnicos e interculturales. Pensar Guatemala desde un “interés nacional”, es creer en un horizonte ético, de democracia radical que solo pueda suponer la dignidad de todos, ayudar a romper con la lógica excluyente que pone a la sociedad al servicio de los dueños del mercado, para poner al mercado al servicio de la sociedad. Es en ese sentido que planteo que repensemos Guatemala juntos, aquí y ahora. Agregar comentario: |
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