Opinión:
Ha llegado a tal nivel nuestra crisis política, que ahora los partidos cambian de candidato con la misma facilidad con la que nuestros aspirantes a jeques del Estado brincan de un partido a otro. En cosa de horas, el PAN se deshizo de Francisco Arredondo, a pesar de que ya la ciudad estaba tapizada con la propaganda del fosforito. A la vez, el DIA puso de patitas en la calle al padre Andrés Girón, que ya tenía programados foros y entrevistas.
Ninguno de estos dos señores –ni el doctor desubicado ni el cura revoltoso– debió meterse a la contienda para empezar. Arredondo podrá ser un buen tipo, un radiólogo de primer orden y un excelente fabricante de chorizos, pero en cuestiones políticas no tenía idea de dónde estaba parado. Y a la pruebas me remito: si alguna noción de realidad le hubiera pasado rozando el copete, no lo hubieran bajado de la tarima minutos antes de la proclamación del binomio. Y de Girón casi ni vale la pena hablar. Además de ser un pícaro de reconocida trayectoria y de usar a la Iglesia para apalancar su vocación de gángster, el hombre peca de antipático. ¡Malaya el padre Chemita, que al menos era gracioso! Estos cambios de última hora en las nominaciones presidenciales no cambian el panorama electoral. El PAN no mejora sus oportunidades de éxito al postular a Óscar Rodolfo Castañeda. Si acaso resulta notorio que el conspicuo financista de señor Castañeda –el famoso “tío Arturo”, enemigo del grupo de inversionistas asociado a Pollo Campero—busca una mayor cuota de influencia en el Congreso. Y el DIA… bueno, podríamos decir que mantiene incólume su sólida posición en la retaguardia de la contienda. Lo que revelan las candidaturas instantáneas del PAN y el DIA es el grado de deterioro institucional de los partidos políticos. Ya ni intentan disimular la ferocidad de su oportunismo. Una democracia representativa necesita de partidos políticos con claridad ideológica y solidez institucional para que la mediación entre los ciudadanos y el Estado funcione. Si tras los partidos no existe más que la lujuria del poder por el poder mismo, la lógica de la rapiña se impone y cualquier sentido más elevado del ejercicio político se pierde. En esa situación estamos y resulta triste comprobar que los partidos políticos le echan la culpa de su degradación a quien se les ponga enfrente, menos a sí mismos. La prensa se ha convertido en el blanco predilecto de sus lamentos, nos acusan de desprestigiarlos bajo las instrucciones detalladas del gran capital. Imagínense. Nosotros los saboteamos mientras ellos se desvelan por estudiar la realidad nacional, por formar cuadros técnicos y desarrollar una organización viva movida por ideales comunes, no por el afán de buscar “huesos” . Yo no niego que los periodistas podamos habernos excedido en ciertas ocasiones, como por ejemplo durante la pasada depuración del Congreso, cuando algunos señalamientos que debieron ser personales se desbordaron hacia la institución entera. Aun así, ello no exime a los responsables (y quizá debería decir los “dueños”) de los partidos de haber perdido su razón de ser. La absoluta ligereza con la que el PAN y el DIA han demostrado que se nombran y despiden candidatos --como si se tratara de intercambiar reses en una exhibición de ganado, donde da igual la pinta que la negra, si está gorda-- pone en evidencia la profundidad de los criterios que usan y la confiabilidad de los acuerdos que alcanzan.¿Qué podemos esperar de una organización política dispuesta a subastar la candidatura presidencial bajo los reflectores de la Asamblea? ¿Qué clase de líderes empeñan de esa manera su palabra? Y luego se preguntan por qué la gente ha perdido la fe en la democracia. Desde hace meses, una de mis mayores preocupaciones ha sido la recuperación de la credibilidad de los partidos políticos, pues no hay democracia sin partidos o sin instituciones que funcionen como ellos aunque tengan diferente nombre. ¡Pero no se dejan! Están empeñados en inmolarse en sus cochinadas. Ojalá que los partidos nuevos, como los que lideran Nineth Montenegro, Rigoberta Menchú y Harold Caballeros, tengan una estrategia para salir de este círculo vicioso antes de que nos devore. De lo contrario, si no logramos formar partidos serios, nos espera la espiral hacia el abismo. Agregar comentario: |
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