Opinión:Washington y su indiferencia¿Quién querría correr el riesgo de que esa epidemia se contagie? Por: Juan Luis Font
Cualquiera diría que EE.UU. es indiferente frente a lo que ocurre en Guatemala. El país ha logrado abandonar el clima de crispación que se vivía cuatro años atrás, pero en términos reales, el Gobierno de Óscar Berger ha servido más bien poco para avanzar hacia la resolución de nuestros problemas principales. Las cifras de incautación de droga son tan bajas que, de no ser porque Washington parece dispuesto a hacerse de la vista gorda, el Gobierno padecería la de Dios es Cristo ante el riesgo de quedar descertificado como en los años de Alfonso Portillo.
El abierto desafío de algunos caciques locales del narcotráfico, que se promueven a sí mismos para cargos de elección popular y apuestan en favor de sus muchachos, tampoco ha merecido mayor reprimenda de la Embajada. Si acaso, un llamado muy sucinto del embajador Derham ante el Tribunal Supremo Electoral en favor de la castidad de las elecciones y alguna que otra recomendación al candidato que se perfila más débil frente al acecho de los traficantes. Un escándalo de proporciones considerables, como la aparición de evidencias de prácticas de limpieza social y la existencia de escuadrones de la muerte en un Gobierno popularmente electo tampoco ha encrespado las aguas. Por menos que eso se ha visto a palitos el presidente Uribe en Colombia. Con la notoria diferencia, claro, que allá las instituciones funcionan y eso impide a la comunidad internacional ignorar las cosas que preferiría no ver. Tampoco en materia comercial ha resultado precisamente un alumno aventajado Guatemala. Costa Rica, sin firmar aún el TLC, ha incrementado más que nuestro país sus exportaciones a EE.UU. Y sin embargo, Guatemala fue el país elegido para que George W. Bush hiciera escala en su paso hacia México. ¿A cuenta de que? Washington, me atrevo a especular, está resignado, conforme o quizá indiferente frente a lo que ocurre en el país porque esta especie de calma chicha que vive Guatemala resulta preferible al riesgo de que surja un liderazgo adverso o siquiera crítico de las políticas de la Casa Blanca. La clase dominante del país, los señores del capital, le son leales a Washington y no tienen el menor interés de financiar o propiciar que las condiciones políticas de Guatemala cambien, aunque tampoco les interesa que las instituciones nacionales se fortalezcan o que la democracia en verdad se profundice. El narcotráfico se hace de una cuota importante de poder, pero la vida sigue igual, casi como que si nada. Y el apacible pueblo guatemalteco, que marcha ovejunamente a las urnas para probar por enésima vez si un cambio de equipo resulta suficiente para mejorar las cosas, tampoco es motivo de alarma. De manera que para Washington es mejor que las cosas sigan así. Ni Dios quiera que se instale en cualquier otro país de la región un régimen semejante al de Venezuela o al de Bolivia, y en mucha menor medida al de Nicaragua. Con un enemigo del calibre de Hugo Chávez, capaz de gastar cuatro millardos de dólares en comprarle material bélico a Rusia, incluidos nueve submarinos, ¿quien querría correr el riesgo de que esa epidemia se contagie? Agregar comentario: |
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