Actualidad: Vitrina (voto 2007)"Cunén, si ustedes se mojan, yo me mojo"Alejandro Giammattei, candidato presidencial por la Gran Alianza Nacional, visitó Cunen, Quiché. Retiraron del mitin a alguien que cuestionó su discurso. Por: Enrique Naveda
Al terminar el encuentro en Uspantán, Quiché, decenas de campesinos se agolparon en torno al candidato oficial, Alejandro Giammattei. Eran casi todos hombres, y los besos estaban por supuesto de más, pero se realizaron peticiones y ruegos. Por los animales, por la pobreza, por las carreteras. Le mostraron carpetas y 'dossieres' al candidato, que contestó “déjemelo” y “lo vamos a estudiar”. Giammattei se veía vapuleado, exhausto.
Apenas era mediodía y pese a la gorra se le adivinaba alborotado el pelo y tenía la piel roja. Hacía ya más de ocho horas desde que partió de la capital rumbo a su primer destino de la jornada, Chicamán. El día (1 de junio) había amanecido con mucha neblina, pero según Óscar Flores, su encargado de comunicación, la razón para que no tomara un helicóptero fue que “el doctor prefiere ir por tierra para darse cuenta de las necesidades. Así, cuando le hablan de los caminos, puede decir que ya los ha visto”. Mucha lluvia Cuando Giammattei consiguió deshacerse de la turba y llegar hasta el vehículo para ir a almorzar en un restaurante del pueblo (el comedor Kevin), varios miembros de su cuerpo de seguridad –ocho en total, pagados por el partido–, en avanzada, ya ordenaban y vigilaban Cunén, el lugar de su próxima parada. Quiché es para la Gana un departamento estratégico, pese al apoyo que recibe allí el Frente Republicano Guatemalteco (FRG). Pero al mismo tiempo, admite Flores, el partido oficial cree que se trata de una región delicada. De ahí el despliegue de seguridad. En torno a las dos y media comenzó a sonar en Cunén la canción del actual alcalde y candidato de la Gana, Armando Salazar, una estridente composición que habla de los otros partidos que quieren apantallar y con sus regalos votos quieren ganar, pero esto denotó falta de coordinación con sus compañeros de Uspantán, que precisamente obsequiaron playeras y banderitas a los vecinos. La forma de ordenar las actividades, de decorar los lugares (tan llenos de carteles colgando de cables que parece la estructura para una carpa de circo), y de acarrear a la gente dependen del todo de los candidatos locales. En Cunén, el esfuerzo de Salazar era evidente. La plaza albergaba alrededor de 1,500 personas y bastantes camionetas y picops hormigueaban con carteles del partido por los alrededores. Un gran equipo de sonido animaba la húmeda tarde, mientras parte de los presentes, con camisa roja, se afanaba a la espera de que el candidato presidencial llegara. Entretanto, por las bocinas anunciaron la presencia de un “hombre con firmeza”, un “hombre de carácter”. Si hubo alguna duda de si aparecería el candidato oficial u Otto Pérez Molina, se disipó pronto, cuando a la vuelta de la esquina surgió el vehículo de Giammattei, propiciando cierto ajetreo entre la gente que colmaba el escenario. “Vamos, abajo, que ya viene”, “por aquí, por aquí”, decían mientras ganaban posiciones en la plaza para animar, aplaudir. Llovía. El médico escaló hasta la tribuna y hablaron Salazar y el diputado Reinabel Estrada. Salazar, que aspira a reelegirse, subrayó “la sinceridad de nuestro presidente Berger” y condicionó la continuidad de los proyectos a la victoria de Giammattei. Entre el público un centenar aplaudía sus palabras. Un hombre con sombrero y botella de Coca-Cola escupió con indiferencia. Entonces, Giammattei agarró el micrófono y bajó las escaleras: -Buenas tardes, Cunén. Si ustedes se mojan, yo también me mojo, gritó, con una calculada pausa para comprobar el efecto de sus palabras en la audiencia. Luego, retomaba el discurso con alabanzas al trabajo de Salazar, elegido como mejor alcalde del año por el Instituto de Fomento Municipal, cuando un campesino, con el dedo índice levantado, empezó a protestar el discurso y a acercarse. “Naide cumplís, naide hacés nada”. Sus palabras comenzaban a tomar forma y a ganar oídos cuando se lo llevaron a empujones hasta acallarlo a metros de allí. El candidato, que tal vez no reparó en ello, anunciaba ahora tres buenas noticias y una mala. Las buenas, que se invertirán anualmente Q200 millones en la mujer rural, se hará hincapié en la juventud, y se promocionará el desarrollo rural. La mala, “que se les acabó la fiesta a los delincuentes”. Al terminar, levantó los brazos y saludó. Atrás, correligionarios le aconsejaban a Salazar que bajara con él a las escaleras. “Pero me voy a mojar”, se quejó el alcalde con un mohín, en voz baja. Y de un empujón lo pusieron junto a Giammattei. Agregar comentario: |
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