Opinión:Más delirios sobre el caso GerardiLa mendicidad es ajena a nuestros usos y costumbres. Por: Maite Rico y Bertrand de la Grange
¡Menuda decepción! Tanta expectación generada por el libro de Francisco Goldman sobre el caso Gerardi, y resulta que, a tenor del anticipo ofrecido por elPeriódico, es más de lo mismo.
Más delirios del “testigo” Rubén Chanax, que cambia otra vez su versión y mete ahora a Otto Pérez Molina en la tienda de Don Mike (que por lo visto la noche del crimen era como el camarote de los hermanos Marx, con la flor y nata de la inteligencia militar espantando las moscas). A ello añade los dislates de un James Bond de pacotilla (que desde Minugua puso un toque de marrullería hispánica en esta farsa judicial). Y todo aderezado, ¡oh, sorpresa!, con las consabidas insidias de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) contra nuestro libro ¿Quién mató al Obispo? Autopsia de un crimen político. Goldman propaga el bulo de que nos pagó Álvaro Arzú. No nos pagó Arzú. Nos pagaron, y bien, nuestros editores. Y nos pagaron bien porque tenemos una trayectoria reconocida y seria. Juan Luis Font sabe perfectamente que trabajamos para medios solventes y reputados, que no necesitan subvenciones para sobrevivir y que ofrecen condiciones laborales excelentes. En suma: que jugamos en las grandes ligas, y que nuestro prestigio y nuestra libertad están por encima de todo. La mendicidad es ajena a nuestros usos y costumbres. Respecto a Arzú, nunca logramos que nos recibiera, como podrán dar fe sus colaboradores de entonces (Gustavo Porras, Eduardo Stein, Rodolfo Mendoza o Raquel Zelaya), con quienes, en cambio, sí mantuvimos fructíferas conversaciones. Por desconfianza hacia nosotros, y porque estaba convencido de que lo mejor era quedarse al margen, Arzú no quiso colaborar. No es a fuerza de repetir infundios como la ODHA y la fiscalía van a lograr credibilidad. El caso Gerardi ya ha pasado a la historia como una de las grandes vergüenzas judiciales de Guatemala, que nunca hubiera prosperado en un país con pleno Estado de Derecho y una justicia solvente. El crimen sigue impune, y los verdaderos asesinos, libres. Nuestro trabajo puso de manifiesto la terrible manipulación del caso, con documentos y pruebas concretas. Para intentar contrarrestarlas y esparcir cortinas de humo, la ODHA recurre a la calumnia, y por lo visto Goldman se ha convertido en su caja de resonancia. Nota de redacción En la columna que motiva la reacción de La Grange y de Rico cito con simpleza que el libro de Goldman saca a relucir información respecto a que Arzú financió a los dos periodistas europeos. Quizá resulte más útil ahora, a la vista de su molestia, presentar una trascripción de lo que el libro dice respecto al tema: “Cuando el libro de Bertrand de la Grange y Maite Rico, ¿Quién mató al obispo? desataba una tormenta en Guatemala, el presidente Portillo le pidió a los oficiales de inteligencia de su Estado Mayor Presidencial que averiguaran lo que pudieran respecto a quién estaba ayudando a los autores. (Rico le había dicho a un conductor de entrevistas por televisión guatemalteco, un admirador suyo, que durante los dos años de investigaciones para el libro, ella y su compañero habían vivido de sus ahorros). El Estado Mayor Presidencial le reportó a Portillo que el ex presidente Arzú había ayudado a financiar a los periodistas. Siendo el Estado Mayor Presidencial de Portillo la fuente de esta información yo la repito con natural escepticismo. Pero parece que vale la pena tomarla en consideración a la luz de la impresionante manera con que Arzú desplegó su entusiasmo por el libro, copias del cual repartió en grandes cantidades”. Juan Luis Font Agregar comentario: |
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