Opinión:El patético periodista Andrés ZepedaMolestar poniendo una sombra que nos refleja. Por: Marcela Gereda “Los espíritus libres no deben aprender como esclavos”. Anónimo. Hace algunos días leí un blog titulado como este artículo. En el mismo se criticaba a Zepeda por sacar a la luz información sobre la Universidad Francisco Marroquín. Entre distintos comentarios, en los que diferentes marroquinistas defendían a su institución, no encontré variabilidad. Se pueden sintetizar en uno solo: “La Universidad Francisco Marroquín es libre y es muy meritoria por tener alumnos en el extranjero y logros académicos internacionales”. Además de decir que el Muro de Berlín cayó en 1991, los marroquinistas cuestionan a Zepeda: ¿acaso no se ha percatado de la excelencia y pulcritud a la que apesta el mismo campus de la Universidad? Entre algunas de las premisas en los discursos pronunciados por los profesores de la UFM, aparece esta: “la Universidad tiene por sobre todas las cosas, la defensa, práctica e instrucción del neoliberalismo”. Otros alumnos la defienden de esta manera: “En la Marro lo que hay es un montón de estudiantes que han firmado un contrato para estudiar en una prestigiosa institución privada sin fines de lucro, que ha postulado como misión el educar a hombres en los principios éticos y jurídicos necesarios para formar hombres de éxito que entienden los postulados económicos e ideológicos de la libertad y la razón”. Mi preocupación es la misma de la semana pasada y la anterior a ella: ¿cómo es posible que no se tome conciencia de la reproducción y legitimación de un sistema económico desigual?, ¿es que no hay conciencia de que el discurso neoliberal, encerrado en su lógica aislada, solo es coherente consigo mismo, aunque la realidad sea distinta? ¿Cómo es posible que se traguen la ahistoricidad?, ¿o es que acaso ignoran la inmensa contradicción entre la teoría y la práctica? No lo creo. Hay una instrucción y reedición de un sistema que legitima el poder oligárquico desde el papel, sin plantearse jamás la necesidad de plantear que la teoría es un momento necesario de la praxis. La teoría que en la Marro se enseña contradice la praxis: en teoría, el mercado juega con reglas claras y tanto consumidor como productor son libres, en la práctica, no es el consumidor quien coloca las pautas, sino son los grupos de poder avalando sus propios intereses y protegiendo sus empresas. Las doctrinas en las que se fundamenta la ideología de la UFM convierten absolutamente todo en mercancía, bajo la idea de que las leyes del mercado son más inteligentes que las regulaciones del Estado. También, desde un positivismo absurdo, se proclama el mercado como sinónimo de progreso, sin importar cómo se instituya el mercado y bajo las reglas de qué y quién. La UFM se autoproclama como libre sin permitir a sus alumnos la libertad del pensamiento. Una institución que uniformiza la razón crítica y reflexiva, reproduce en ellos imaginarios positivistas y prácticas proteccionistas heredadas de la oligarquía guatemalteca. Cuando estudié ahí recuerdo que los estudiantes de Medicina, que eran solo 35 en un solo semestre, dejaron Q1 millón entre cuotas mensuales y uso de laboratorio (el cual no utilizaban), porque fue el año de prácticas cuando asistían a los hospitales. Al solicitar a las autoridades que compraran revistas de vanguardia en Medicina, la respuesta siempre fue: “La Universidad no tiene dinero”. Recuerdo escuchar a una ex alumna de la Marro decir: “pobres los niños de Irak, gracias a Dios que aquí nunca ha habido guerra”. Hay aquí una crisis de identidad y pertenencia, ceguera y desconocimiento. Esta institución mantiene a sus alumnos alejados de los conflictos de su tiempo, ¿es que acaso se olvida que el ámbito universitario debiera jugar un papel responsable como productor de conocimiento sobre el estado del mundo que vivimos y sus transformaciones? Oscar Wilde proponía como ideal ético y estético poner espejos, molestar poniendo una sombra que se nos refleja. Me parece que esto hace Zepeda a los marroquinistas: devolver su reflejo. El “patético periodista”, Andrés Zepeda, es una voz que se atreve a pensar más allá de normas de conducta social. De ver desde el lente que nadie casi quiere ver. Decir la palabra verdadera es transformar el mundo. Cosa que no hace la Universidad Francisco Marroquín. Agregar comentario: |
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