Opinión:Taiwán, o la limosna que no cesaVergüenza nos debería dar pedir que nos regalen una carretera. Por: Juan Luis Font
Da un poco de vergüenza comprobar los términos en que se discute en Guatemala la decisión costarricense de romper con Taiwán y establecer relaciones con la República Popular China. ¿Deslealtad de Costa Rica? Por favor. A ver si alguien recuerda cuán leal fue con los guatemaltecos el Gobierno de Taipei cuando le giró varios cheques por más de US$1.5 millones a Alfonso Portillo. Y sobre todo, cuán respetuoso de nuestra institucionalidad ha sido luego, al negarse a brindar información sobre el mecanismo de cobro que utilizó el ex Presidente y el destino que dio a esos fondos. Taiwán ha desarrollado por décadas una diplomacia de la corrupción en Costa Rica, en Guatemala y en todos los países en los que la clase dirigencial local se los permite, pese a ser una democracia en marcha.
Esto de la lealtad, los sacrosantos principios y otros cuentos chinos son los argumentos que utilizan con frecuencia los conservadores para conmover a los santos. Menos reconfortante todavía es el otro argumento en uso. Que si Taiwán puede darnos más que Pekín. Que si Pekín está dispuesto a entregar hasta US$400 millones para animar la decisión de abandonar a su provincia rebelde. ¿Tiene sentido que sigamos definiendo nuestra política exterior en base a quién nos regala más? Taiwán, es cierto, ha sido muy generoso con Guatemala. Casi tanto como Cuba, que a poco se encuentra de financiar por completo nuestro sistema de salud curativa en la rama de Oftalmología. Vergüenza nos debería dar pedir regalado para ampliar una carretera fundamental en nuestra economía. Lo que pasa es que no queremos pagarla nosotros, y por eso aceptamos la indignidad de mandar a nuestro Presidente una y otra vez a mendigar otra rebanada de la misma salchicha. Está muy claro que todos estos regalos provenientes del exterior, por los cuales pagamos un precio político, resultan muy insuficientes para ayudarnos a salir del subdesarrollo. Peor aún, en muchos casos estas ayudas, lejos de animarnos a realizar un esfuerzo mayor como sociedad, fomentan la irresponsabilidad general. Y no nos fortalece, sino todo lo contrario, la autoestima. Guatemala debería decidir si rompe o no con Taiwán, y si establece una embajada en Pekín, definiendo cuál de los dos mercados resulta más propicio para sus productos, hoy y en el futuro. Inteligencia de mercados, que se llama. A lo mejor no haga falta romper con uno para aprovechar las condiciones que ofrece el otro. También hay que tener en cuenta la realidad política global. Pero eso de recurrir a los “principios” (que son de hule) o a ver quién da más, resulta hipócrita por una parte e infantil y poco responsable por la otra. No va a ser con aportes del exterior, sino con esfuerzo propio que vamos a desarrollar este país y a revertir nuestro lacerante orden social. La dirigencia política debería comprenderlo y decirlo de esa manera. Pero mucho me temo que, con dos excepciones, Eduardo Suger y Harold Caballeros, la mayoría de líderes sigue confiando en la ayuda exterior como bálsamo contra todo mal. Agregar comentario: |
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