Opinión:Felicitaciones al maestro MoralesEl Premio Nacional de Literatura honra y se honra. Por: Gustavo Berganza
Bien dicen que los que premian no solo prestigian sino, dependiendo de a quién escojan, también se prestigian. Esto es lo que ha sucedido con la decisión de otorgar el Premio Nacional de Literatura de este año a Mario Roberto Morales.
Probablemente la parte más visible y controversial de la trayectoria de Morales sean las columnas que publica en estas páginas y en la revista electrónica La Insignia. Ahí lo que se ve es la pluma ágil del polemista, enemigo declarado de la corrección política, de los mitos de la izquierda postguerrillera guatemalteca y crítico implacable de las “oenegés” y la cooperación internacional canalizada por esta vía. En esas columnas ha dejado ir filtrando las ideas generales de su teoría sobre la ladinidad. Mario Roberto ha reflexionado mucho sobre el ataque que algunos pensadores esencialistas indígenas han vertido, en aras de la construcción de una identidad colectiva paníndígena, sobre las características que definen al ladino guatemalteco. Pero también ha evidenciado, como agudo observador de la sociedad que es, las contradicciones de las cuales se nutren los mitos y creencias utilizados por los propios ladinos para explicarse a sí mismos. A la par del pensador social y político, ha desarrollado una fecunda carrera como novelista, poeta y crítico literario. Mario Roberto forma parte, junto Marco Antonio Flores y Arturo Arias, de la trinidad de enfants terribles que abrió las puertas a la narrativa contemporánea guatemalteca. En un momento en que la novela se encontraba empantanada entre reciclajes del criollismo, al estilo de Carlos Samayoa Chinchilla, y relecturas del realismo mágico asturiano, estos tres escritores incorporaron el tema de la guerrilla al repertorio nacional. Morales, en Los demonios salvajes, muestra el tránsito desde la adolescencia a la vida adulta de una pandilla de jóvenes ladinos, de clase media urbana, y los posteriores problemas de conciencia y de relaciones personales que les ocasiona militar en los grupos guerrilleros. En la poesía, sus Epigramas para Patricia siguen siendo un referente obligado para quien desea aprender a encerrar en mínimas palabras el torrente desbocado que desencadena la pasión erótica. Morales demuestra que para expresar el amor y el deseo no se necesita ser verboso, ni mucho menos cursi. Su estilo pone la concisión al servicio de la seducción. Y como crítico y teórico de la literatura, se le debe a él el manifiesto Matemos a Miguel Ángel Asturias, donde sintetiza su crítica ante la peligrosa arterioesclerosis que amenazaba con inmovilizar a la narrativa guatemalteca en la década de los setenta. Luego vino su trabajo Ideología y lírica de la lucha armada, un estudio de sociología de la literatura, donde explicó los devastadores efectos que ocasiona la militancia y disciplina revolucionarias sobre aquellos escritores que se unen a la insurgencia. Muchos podrán no estar de acuerdo con sus posiciones políticas, pero nadie puede negar la solidez teórica, la pulcritud de estilo y la gran creatividad que encierra el trabajo de Mario Roberto. Lo felicito a él y felicito al jurado que le otorgó el Premio Nacional de Literatura. Le han hecho honor a uno de los grandes de este país. Agregar comentario: |
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