“La primera voz que escuchamos es la de una mujer.
Jorge Sierra
“La primera voz que escuchamos es la de una mujer. La voz de nuestra madre resonó en nuestros oídos aún antes de nacer, y nos arrulló para dormir cuando éramos niños”, así presenta el sello Putumayo su nueva entrega discográfica Women of the world, acoustic, que ya está colocada en los estantes de las tiendas de Guatemala.
El disco nos conduce de la mano por una amplia gama de registros vocales, tímbricas, estéticas y emociones. Lo primero que atrapa es la voz grave de la checa, Marta Topferova, con la canción Grano de arena. Aparte de cantar en español y de acompañarse de un cuatro, la guitarra pequeña de Venezuela, a ritmo cadencioso, Topferova en clave romántica y folk latinoamericano muestra una sensibilidad especial que masajea el corazón.
La chileno-brasileña Luca Mundaca, en cambio, adopta un estilo que está a mitad del swing y de la música brasileña. Acompañada a tiempo medio de un trío conformado por bajo, batería y guitarra, su voz un tanto nasal y a la vez aterciopelada, le aconseja al ser amado: “No llores, no tengas miedo ahora/ Si te dejo ir, mi dolor tampoco se irá/ No busques tan lejos si lo cercano es real/ No me quieras más, no más”. Esta canción Nao se apavore, es un extracto de su propio disco Day by day.
En esta perla de mujeres hay espacio para Cabo Verde, con la voz de Lula, quizá la más próxima en popularidad a Cesarea Evora. La canción Vida Mariadu, es aire fresco al espíritu, no solo por su ritmo isleño, sencillo, sino también por su melodía. La canción, cantada con voz dulce en portugués, retrata el ánimo que todo hijo desea recibir de la madre, para vivir la vida. Optimismo y fe aquí, hecha música.
Otra de las canciones y cantantes de magnitud es Tamara Obrovac, de Croacia, con Tuca La Louna (Toca la luna). Su voz clara y emotiva, es arropada por un acordeón, una guitarra acústica y una suave percusión a lo largo de una canción que habla sobre la búsqueda de la esperanza y salvación de su pueblo. Por cierto, su fraseo y conmovedora interpretación dan cuenta de su veteranía. Cinco discos lo refrendan. Obrovac es de las que ha ayudado a difundir la música de Istria y del Mediterráneo.
Por último, no pasan desapercibidas las entregadas voces de The Wailin’ Jennys, un trío de mujeres canadienses que en los más de tres minutos que dura One voice, consiguen expresar el grito interior de todo ser humano hastiado de injusticias y rencores.
Esta última canción se convierte en el cierre apropiado de esta reconfortante colección que, además de incluir a intérpretes de Francia, Camerún, Algeria y Grecia, advierte que las mujeres en cualquier punto del globo se perpetúan al inspirar, pero igual inspirándose para entregar un canto propio como es aquí evidente.
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