Las artes mágicas son la materialización de los sueños que llevamos dentro.
Raúl de la Horra
Esto es magia: retornar a la infancia y dejar que los ojos se abran grandes, enormes ante el sabor de una melodía, el sonido de una flor, el color y el aroma del asombro. Descubrir que tenemos poderes, que basta con introducirse en la pantalla para acompañar a nuestros héroes en sus aventuras rocambolescas. Recordar el escalofrío de una mirada y de unos labios adolescentes que nos despertaron en la barriga un tropel de mariposas atolondradas. Y llegar por fin al momento sublime en que nuestras manos entrelazaron otras manos y las bocas articularon murmullos cabalísticos, promesas torpes que prefiguraban el hechizo del amor.
Y el científico gritando ¡eureka! frente a su propia estupefacción, y aquel otro al descubrir anonadado la ley de gravedad, y el pintor que se arrancó desesperado el Guernica de las entrañas, y el músico inglés que componía Imagine sin sospechar que una bala acabaría con su vida. Y el labriego que observa florecer los campos. Y el veterinario que ayuda a parir a una vaca. Y el minero que extrae piedras que serán diamantes: todos participan igualmente de la magia que amasan con paciencia las manos para fundirse en la mirada. Y magia también de la palabra escrita que traza imágenes, voces y significados en los escenarios de la mente. Magia del deseo, del gesto, de la ilusión. Magia del existir.
Las artes mágicas son la materialización de los sueños que llevamos dentro. ¿Desea usted vivir un momento mágico, gozar en carne propia de las metáforas que la vida ofrece? Venga entonces esta noche y mañana al teatro del IGA, en Cuatro Grados Norte. Allí, los Magos del Gran Jaguar ofreceremos lo que ningún político podrá jamás ofrecer: humor, inteligencia y belleza. Precio: Q75 Les aseguro que no se arrepentirán.
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