Hace algún tiempo, con ocasión del quincuagésimo aniversario de la CEPAL, nuestro actual canciller le dedicó a la institución un artículo, publicado en la leída revista cepalina, bajo el título “Los desafíos de la globalización en Centroamérica”. Con su aire siempre mesurado y el tacto para escoger las palabras adecuadas que caracteriza a los altos funcionarios internacionales, poco a poco el escribiente se adentraba en el espinoso tema del desmantelamiento del sector público durante estas décadas de neoliberalismo en la región. Con ello en mente, Rosenthal escribía lo siguiente: “Así, las críticas lanzadas al sector público en años recientes en la mayoría de los países centroamericanos se han convertido en profecías autocumplidas. (…) hoy se advierten grandes lagunas –con diferencias de grado entre un país y otro- en la capacidad de gestión de los gobiernos en diversas áreas. Como ejemplos se pueden citar debilidades en la identificación y preparación de proyectos de inversión pública, en la calidad de las instancias de regulación de servicios privatizados, en la formulación y aplicación de una política exterior coherente, y en la administración cotidiana de los hospitales y las escuelas públicas”. Hoy Rosenthal es víctima de su propio análisis: los telenoticieros han hecho eco de palabras al viento en las que el alto funcionario asevera que no tiene pisto alguno para atender a los migrantes detenidos en Estados Unidos, como consecuencia de las acciones represivas del Gobierno federal del país del norte. En un país en donde los hospitales no funcionan, en donde las mujeres salen a bachar los caminos en mal estado, y en donde el sistema público de la educación se ha desmantelado, esas carencias de la cancillería se divulgan en medio de la indiferencia ciudadana, tan preocupada de los asaltos en autobuses, de la violencia cotidiana y de los vientos del repetitivo ciclo electoral. Como paradoja de lo anterior las noticias sobre la macroeconomía del país denotan la clásica estabilidad “a lo guatemalteco” precisamente por la ayuda de miles de manos migrantes que sostienen con sudor, y esfuerzo, a sus familiares en el medio, enviando los preciados dólares que aquí se malgastan en autos y jets de lujo y demás enseres del consumo conspicuo. Ello es común en diversas sociedades en donde se desprecia el trabajo operativo y a los miles de trabajadores que las sostienen, y eso pareciera estar pasando en el medio, en donde la depredación ha sustituido a la innovación.
Mientras se le pagan millonarias sumas a los ex patrulleros, mientras se cancelan los compromisos de emisiones desperdiciadas de “eurobonos”, y se es pródigo en materia de créditos fiscales a los grandes exportadores, a quienes sostienen la economía del país, les negamos lo mínimo que un país civilizado y agradecido debiera ofrecer. ¡Cosas veredes, Sancho amigo!
0 comentarios: