“Morro”, “marimacha”, “mariposón”, “florecita” o los más tradicionales “hueco” o “marica”, con sus derivaciones “huequito”, “huecazo”, “huicoyón”, “mariquita”, “maricón” –he aquí algunas de las “joyas” lingüísticas con que adornamos nuestros prejuicios y estereotipos acerca de cierto tipo de gente “rara”. Aquellos incluyen típicamente concepciones acerca de la debilidad, la cobardía, la perversión, la inversión de roles desautorizada desde perspectivas que invocan valoraciones sociales, morales o religiosas.
Algo a contrapelo, y aunque fuera como santo y seña, hasta hace no mucho se usaba la expresión “de ambiente”, con sus connotaciones de fiesta y buena onda. Gay –literalmente, alegre– diría algo similar, pero en su condición globalizada se queda más bien en lo neutral, que sería ya algo positivo.
Globalizante es también la expresión “salir del clóset”, versión individualista y light (valga otra vez el inglés globalizador) de la liberación colectiva, del reclamo y ejercicio de derechos ciudadanos plenos.
Hito globalmente reconocido del movimiento de liberación gay son las jornadas de Stonewall, en Nueva York, a finales de junio de 1969, y que habrían de precipitar todo un cambio de mentalidad acerca de la diversidad sexual en Estados Unidos y otras democracias occidentales.
Se recordará que ese es el motivo de la celebración del día del orgullo gay, usualmente conmemorado con desfiles carnavalescos alrededor del mundo. En Guatemala van siete ya de estos, más o menos lucidos, varios acompañados por la lluvia, como el del pasado 23, al finalizar, en el cual diversas organizaciones manifestaron demandas. En año electoral, estas irían dirigidas especialmente a los partidos políticos.
Hace pocas semanas, un columnista sacaba a colación el (no-)tema de candidaturas de homosexuales y de su inclusión abierta en el abanico político. Otro periodista comentó el mismo día que seguro habría revuelo en las aguas políticas… Pero… nada notable. Mutis, elipsis o, como en la película de Beto Gómez sobre el amor de un asesino y un boxeador, elipsis de la elipsis…
En la película como en la realidad, los más claros de lo que son y que dan la lucha con puño firme son de otro tipo, del que hasta en el “rollo” (nuevo santo y seña) despreciamos. Stonewall fue protagonizado por “locas” y “vestidas”, negros e hispanos para más agravio. Ni políticos, ni académicos, ni periodistas, ni nada de dizque vanguardias iluminadas… ¿No en todos lados se cuecen habas?
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1 comentarios:
Jorge Rodriguez: (2007-07-04 07:24:43 horas)
Me encanta que Dávila Estrara ponga sobre la mesa este tema. Así como Marcela Gereda y M. R. Morales le están tirando sus buenos golpes a nuestro neoliberalismo parvulario, necesitamos alguien que critique la cerrazón sexual de los guatemaltecos. El domingo me dejaron preocupados los comentarios sobre el caso de Fernand Milán: que crueldad e ignorancia. Por este medio, me permito enviar un abrazo de solidaridad a las comunidades transexuales de Guatemala. Uds. están contribuyendo a que tengamos una Guatemala en la que la gente no sea discriminada por su vida sexual. Y por cierto: las preferencias sexuales de los trasvestis no son perversiones como la pedofilia. Esto va para esos ignorantes que, encima, se siente orgullosos de jugar el papel de tontos.
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