En El Acordeón del domingo 24 de junio se publicó un magistral ensayo de Humberto Eco, titulado “Lo políticamente correcto”. Del mismo copio este resumen: “En Estados Unidos, las degeneraciones de lo PC han impulsado la aparición de una gran cantidad de falsos y divertidísimos diccionarios PC, en los que a veces no se sabe muy bien si cierto término en realidad ha sido propuesto o se ha inventado con intención puramente crítica. De hecho, junto a instituciones ya corrientes, se encuentran socialmente separado por encarcelado, funcionario del control bovino por cowboy, corrección geológica por terremoto, residencialmente flexible por vagabundo, ereccionalmente limitado por impotente, horizontalmente accesible por mujer de mala vida, regresión folicular por calvicie, y hasta carente de melanina para indicar un hombre blanco”. Esto me recuerda aquella mujer gorda que, cuando la motejaban de tal, se revolvía diciendo: “yo no soy gorda; yo lo que soy es mucha mujer”.
El terreno firme del significado cierto, sustituido por las arenas movedizas del eufemismo. ¿Para qué? ¿Para no herir susceptibilidades? ¿Para estar en lo políticamente correcto? ¿Y quién dicta esta política? Después de tanto desparpajo, ¿nos hemos vuelto tan vidriosos con el lenguaje? ¿Por qué decir “poposito” haciendo ascos de “caca” , cuando ambas cosas son pura mierda? ¿No son suficientemente equívocas las palabras, para que todavía tengamos que ser con ellas tan finolis? ¿Dónde quedó lo de al pan pan y al vino vino? De “eufemismo” dice el Diccionario de la lengua española, de la RAE: “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Y yo me digo: si me han de matar de una puñalada trapera, ¿qué escrúpulos puedo tener sobre si lo hacen con guante negro o con guante blanco?
El pasado domingo, 1 de julio, Prensa Libre publicó un documentado y escalofriante informe sobre el robo de niños. Pero si el robo de niños es un delito y un crimen, esté bien o menos bien tipificado en nuestras leyes, ¿por qué considerarlo como “inconveniente que trasciende fronteras”, según el subtitular de la página de portada? Un inconveniente puede ser una fruslería. Pero crimen es crimen, delito es delito, asesinato es asesinato. Y criminal, delincuente o asesino se llama a quienes cometen tales actos. La vida humana no es una mercancía y, si no lo es, tampoco es susceptible de ser vendida o comprada. Menos la de quien ni siquiera puede decidir por sí mismo. ¿O resulta que ahora el secuestro no se puede llamar terrorismo, sino financiamiento de la causa, como declaró aquel degenerado y pusilánime representante de las FARC?
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