Según datos de la Policía, los mareros estaban preparando un atentado en contra de una unidad del Transmetro porque ya no reciben su cuota de estafa, que le exigían a los antiguos autobuseros. El detener este atentado le valió la vida a varios guatemaltecos, entre ellos un pastor evangélico, pero me imagino que hubiera sido peor si se llegara a concretarse.
Con esto se confirma que ese servicio sí funciona, y evita que existan asaltos y muertes a los pilotos del servicio urbano. Espero que lo desarrollen en toda la ciudad, no solo para el sur.
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