El mundo tiene puestos los ojos en el Protocolo de Kioto.
Carol Zardetto
Nuestro mundo contemporáneo ha conocido más riqueza y prosperidad que
nunca en la historia. El crecimiento sostenido de la economía mundial
en los últimos 30 años ha sido impulsado por un continuo incremento en
el uso de la energía proveniente, principalmente, de los combustibles
fósiles: carbón, petróleo y gas natural. El suministro mundial de estas
energías ha ido en constante aumento.
Solo de 1971 a 2000 creció un 81
por ciento. Para el año 2000, el 79 por ciento de la energía primaria a
nivel mundial provino de los combustibles fósiles.
Aparejado al creciente suministro, el consumo también ha sido cada vez
más elevado, pues el estilo de vida moderno demanda cada vez más
energía. Para darnos una idea, podemos afirmar que el hombre
tecnológico consume cien veces más energía que el hombre cuya
existencia gira en torno a la naturaleza. Así, los ciudadanos
norteamericanos consumen un 29 por ciento de la energía primaria
disponible a nivel mundial; mientras la totalidad de latinoamericanos
consumen el 5 por ciento, y todos los africanos, el 4 por ciento (en
África 509 millones de personas carecen de energía eléctrica).
A paso lento, el estilo de vida tecnológico se desplaza de los países
industrializados a los países en desarrollo. Si a esto le añadimos el
superlativo crecimiento económico de China e India, países con enorme
densidad demográfica, podremos comprender el peso de la demanda de
energía. ¿Cómo satisfacer la voracidad energética mundial?
Esta interrogante se vuelve de muy compleja solución cuando se añade a
la ecuación dos factores de vital importancia: el primero es que la
naturaleza exige una inmediata desaceleración de los efectos
contaminantes producidos por los combustibles fósiles, y el segundo es
que estos se están acabando.
En cuanto al primer factor, el mundo tiene la esperanza puesta en los
esfuerzos del Protocolo de Kioto, cuyo principal objetivo es la
reducción en la emisión de gases contaminantes mediante la sustitución
de fuentes energéticas. Sin embargo, el principal factor de riesgo es
que dicho acuerdo no fue suscrito por Estados Unidos ni China, dos de
los países con más alto potencial contaminante en el planeta.
En cuanto al segundo, los más optimistas asignan un período máximo de
50 años para el agotamiento del petróleo (los más pesimistas no le dan
ni 20) y no más de cien para el gas natural. Algunos expertos opinan
que sin estos combustibles, la vida en la Tierra cambiará radicalmente
de rostro. ¿Estamos preparados para este cambio extremo?
Como podremos imaginar, el siglo XXI estará marcado por la tremenda
presión sobre los países que poseen la mayor reserva petrolera, donde
sin duda, presenciaremos más perturbaciones políticas, guerras y nuevas
invasiones por motivos de estrategia geopolítica. En cuanto al medio
ambiente, el tema parece de pronóstico reservado.
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4 comentarios:
Luis Guzmán: (2007-07-13 11:00:41 horas)
Aquí en Guatemala se desperdicia mucha agua para lavar carros (car wash) mientras que en muchas colonias no tienen para el consumo doméstico. Esto ya debería ser regulado. Ya son muchos carros los que hay que bañar.
alfonso villacorta: (2007-07-13 10:11:42 horas)
Ya vimos los retos para el siglo xxi, pero son mas importantes los retos para el periodico, en los que nos lleva a tan variados temas que da para todos los gustos.
El articulo es por demas interesante pero para un pais que se debate entre la pobreza y la delincuencia, como los demas del 4o mundo, es abusivo, puesto que como el mismo articulo lo expone, los grandes depredadores no somos nosotros.
Sin ir muy lejos, fue noticia reciente que gran cantidad del agua del planeta es usada para riego de campos de golf en Estados Unidos; sin embargo a Guateamala nos vienen campanas de no desperdiciarla, aunque no nos llegue entubada y la tenemos que comprar carisima, lo que nos hace utilizarla sobreracionalmente.
Afortunadamente el protocolo de Kioto no se contempla cuantos guacalazos de agua tenemos que utilizar para banarnos.
Ernesto Sandino: (2007-07-13 09:54:35 horas)
A que nos referimos cuando decimos el mundo contemporaneo?. Nos estamos refiriendo a los mal llamados paices del primer mundo, a las sociedades technologicamente avanzadas, a las que integran el G8?
No debemos de ignorar que en estas sociedades avanzadas, tambien existen explotados y por consiguiente pobres y clase wanabe. Digo esto porque quienes se han beneficiado de esta riqueza son unos pocos, podriamos decir los mismos de siempre.
En cuanto a la energia que estas sociedades consumen, esto es asombroso, pero lo mas admirable es cuanto desperdician.
El problema de la energia no esta en como podriamos adquirir mas de esta, o como podriamos remplazarla, pues como el articulo menciona en latinoamerica solo se consume el 5%. El verdadero problema es como educarnos y gastar menos energia pues si se piensa un poquito las fuentes de energia no son eternas.
En el articulo tambien se mensiona que las sociedades mas technologicas consumen mas energia, por logica pienso que no necesitamos ser tan technologicos como estas sociedades, pues como podemos ver mucha technologia ha creado mas desechos, mas desperdicio, mas contaminacion, mas depredacion del medio ambiente, mas destruccio, mas muerte.
En este siglo XXI debemos de aprender a vivir y crecer mas ordenadamente,debemos de darnos cuenta que no todo lo que brilla es oro, y que no nos debemos de enganar con los espejitos de esta nueva era.
rene posadas: (2007-07-13 06:11:15 horas)
Interesante mas sin embargo si hay solucion al problema energetico ,tenemos agua y la podemos desconponer en hidrogeno y oxigeno,el higrogeno reemplazaria al petroleo y no contaminaria al ambiente.El oxigeno seria una bendicion pues tiene varios usos.Ademas tenemos la energia que el aire produce,la energia del agua con sus rios y la energia solar .Ademas contamos con la enrgia que se puede conseguir dentro de las capas terrestres o sea que solo hay que tener ganas para encontrar formas de como obtener estas energias.Esto ya es para nuestros ingenieros.
4 comentarios: