Tarjetas de visita de la capital 1992-2006, de José Manuel Mayorga. La muestra está conformada, en su primera parte, por piezas en pequeño formato en blanco y negro, diseñadas como tarjetas de visita, que buscan ser la presentación del portador, en este caso tanto del artista como de la ciudad.
Las pequeñas piezas fueron montadas bajo simples protectores de acrílico y dispuestas sobre repisas suspendidas del techo. En el reverso, cada una de ellas está titulada, fechada y ubicada en el sitio específico en el que fue captada.
Los anónimos personajes y los escenarios se suceden y transforman el área expositiva en un emocionante paseo a través del paisaje de la ciudad, además de provocar un abanico de vivencias como las que se manifiestan en los espacios de interacción pública bajo el continuo flujo de actividad humana.
En estos casos, el artista se involucró mayormente con personas desconocidas que, si bien están ubicadas en un mismo plano físico, denotan una abismal distancia entre ellos, mientras en un número menor, las conexiones afectivas son evidentes. Su estilo, que deriva de la fotografía documental o del fotoperiodismo, nos permite explorar las dos vertientes de la misma experiencia: hacia adentro de nosotros mismos en busca de la práctica sicológica de identificación y empatía con los personajes y las situaciones y, hacia afuera, como espectadores de la condición humana de una sociedad que comparte un espacio físico.
La segunda parte de la muestra integra imágenes de mayor formato, también en blanco y negro, que fueron enmarcadas con molduras blancas y distribuidas en las paredes de manera peculiar. En esta serie se identifican algunos personajes del mundo cultural de la ciudad, retratos más cercanos y amables.
El proyecto actual de Mayorga nos remite a exploraciones anteriores de la fotógrafa Andrea Aragón, quien salió a las calles del Centro Histórico a recabar retratos que reunió en una serie que llamó Anti-postales, documentos realistas y profundamente humanos que se contraponen a aquellas imágenes folclóricas de exportación. El lenguaje visual de Mayorga se ha refinado, su enfoque tiene la capacidad de expandirse en el espectador con infinitas modulaciones y su técnica es cuidadosa.
Para este proyecto, que tiene la posibilidad de desarrollarse y ampliarse, ha seleccionado con astucia las escenas, la composición, los contextos, los personajes y los estereotipos para confrontarnos con nuestra propia noción de identidad, rasgo en el que todos los habitantes de esta ciudad estamos conectados.
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