Actualidad: Nacionales (análisis de situación)
Dos de sus principales colaboradores se lanzaron las cacerolas en público, orillándolo a un dilema de triángulo amoroso: “él o yo, decídete”. Además, descuidó su promesa que a la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) respaldaría la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) en el Congreso, mostrándose como un eventual Presidente poco fiable a los ojos escrutadores de Washington.
Sus principales competidores en la contienda electoral no van a desaprovechar tan jugosa ocasión: “Así es Colom, pintadito –dirán hoy en los mítines y más tarde en los noticieros–, inconsistente y sin carácter, incapaz de gobernar su propio partido… votarle es suicidar a la nación, urgida de liderazgo y determinación contra el crimen”. La política es un juego de desafíos. Colom está contra las cuerdas. La inacción no le disipa los golpes, multiplica sus flancos. Una estrategia de control de daños le mantiene, mas no le ahorra magulladuras. Pero podría, insospechadamente, salir a la ofensiva, elegante y diestro, y catapultarse. En efecto, es una buena prueba para mostrar de qué pasta política está hecho el candidato que puntea todas las encuestas. La controversia sobre la CICIG solo fue el punto de ocasión. Un buen punto donde los actores se pueden lucir o salir trasquilados. Es más, sin que hasta ahora interese al común de los empadronados, la podrían elevar a ishu electoral en las dos semanas de actividad parlamentaria que quedan antes de los comicios. Y es que el asunto tiene aristas sensibles: la asfixiante inseguridad y la soberanía nacional vulnerada. Ambas se podrían teñir con fuertes tonos ideológicos para animar un poco esta deslucida campaña. Los dosieres de Washington La historia empezó el 24 de mayo de 2006 con la visita de Colom, acompañado de su asesor José Carlos Marroquín al Departamento de Estado EE.UU. Como es usual, Washington procuró un encuentro en corto con un líder que interesa a su política. Lo que ya no resulta usual es que un diplomático profesional de una nación poderosa hable tan directamente al dirigente de un país débil, menos cuando la distancia entre jerarquías resulta abismal. Esa vez se rompió el protocolo. Colom, probable próximo Presidente, fue recibido por una novata desk officer de Guatemala en el Departamento de Estado, una mujer de unos 32 años. Ordinariamente ese despacho atiende activistas sociales y políticos del país asignado, y acompaña de manera discreta a funcionarios con mando del Departamento que sirven de anfitriones a líderes de alto nivel. Inusitadamente ella le mostró a Colom un dosier que contenía los perfiles de los procuradores ocultos de su seguridad personal: Jacobo Salán y Napoleón Rojas, ex oficiales de Inteligencia Militar que dirigieron la seguridad del ex presidente Alfonso Portillo, y cuya presencia incomodó tanto a Washington que acabó “descertificando” a Guatemala en 2003. Colom se mostró sorprendido. Dijo desconocer que ellos estuvieran detrás de un sistema de seguridad tan eficaz, y ofreció desconectarlos. A su retorno, Marroquín procuró que esa promesa fuera efectiva. Y hubo reacciones. Marroquín cree que Salán y Rojas tenían en el diputado César Fajardo un enlace fiable. Supuestamente Fajardo comentó a los ex militares que Marroquín los quería excluir y por eso lo hicieron blanco de hostigamientos hasta destruir sus vehículos estacionados el 17 de noviembre. Fue un escándalo y el entonces ministro de Defensa, Francisco Bermúdez, pidió un informe a la D2 el cual señalaba como operativos del atentado a oficiales y especialistas en activo haciendo horas extras; eran gente de Salán y Rojas. Carlos Vielmann, en Gobernación, validó el reporte; Juan Luis Florido, del Ministerio Público MP, lo recibió pero no se sabe si hizo algo. Factura pendiente Las cosas siguieron más o menos igual. Marroquín se mantuvo en el primer círculo de Colom, participando de la estrategia, evaluando imagen y atendiendo en parte al cuerpo diplomático. Fajardo, entre tanto, era nominado segundo en el listado nacional de diputados de la UNE, además de ser secretario de Actas del partido. Para Colom resultaba un buen armisticio, hasta que el 19 de julio llegó el dictamen de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso contra la CICIG, suscrito por Fajardo. No está claro si fue estrategia de José Carlos o iniciativa de su padre, Oscar Clemente, director de La Hora, pero este escribió un editorial ese día asegurando que Fajardo tenía “estrechos vínculos con el crimen organizado” y por eso estaba contra la CICIG. Estalló la crisis. El día 20 Fajardo fue mencionado por el MP como sujeto de investigación por el atentado contra Marroquín, a la vez que Colom le inducía a retirar su oposición a la CICIG. Mientras, Thomas Shannon, subsecretario de Estado para asuntos de Latinoamérica, quien estuvo de visita esa semana, dejaba un mensaje telefónico a Colom manifestando su “decepción” por el voto de dos de sus diputados. Una fuente de la UNE sostiene que Marroquín le dijo a Colom: “echas a Fajardo o renuncio”, y que el diputado dejó su propio mensaje: “Tengo derecho a presunción de inocencia”. Colom, que ha estado viajando para encontrarse con presidentes y políticos extranjeros, congeló su agenda y suspendió un viaje previsto para la semana próxima a Nueva York. El affaire Marroquín-Fajardo lo metió en aprietos. La guerra entre ambos estalló en mal momento y en un escenario bochornoso, dejando al candidato como inconsistente y débil. De inmediato Otto Pérez comenzó a preparar sus baterías, mientras Colom intenta controlar daños. El Frente Republicano Guatemalateco (FRG), la segunda fuerza del Congreso, tras la UNE, hizo valer su posición en bloque y sustentada contra la CICIG; la Gana hizo el doble juego: el Ejecutivo y sus activistas calificaban de “gusanera” al Congreso, pero sus diputados al ausentarse avalaron el dictamen adverso. Ahora, el costo es para Colom, favorito de las elecciones. El candidato tiene tres caminos: (1) arbitra o toma partido entre sus asesores, (2) rebasa el pleito de estos y cambia la agenda pública, (3) se duerme en sus laureles. Son las tormentas, en vaso de agua, de este proceso electoral. Agregar comentario: |
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