Les escribo con la inesperada noticia de que, hoy en la mañana, una serie de llamados telefónicos de mi agencia a nivel global me confirmaron que no podré asistir como jurado del Festival de La Antigua 2007, como verdaderamente hubiese querido.
Leandro Raposo, director general creativo para América Latina, J. Walter Thompson (JWT)
Sé que cuando uno está como ustedes, tratando de organizar un festival durante mucho tiempo y con mucho esfuerzo, tratando de que una de las creatividades más emergentes y frescas de esta región se afiance definitivamente, ninguna razón es suficiente.
Pero la verdad es que, como ustedes sabían, yo debía trasladarme directamente desde su festival hacia Shangai por una reunión global. Y hoy me confirmaron que debo estar allí unos días antes, debido a que se adelantó un concurso de una cuenta global imprescindible para las aspiraciones de esta agencia.
Intenté poder estar por todos los medios posibles, pero ustedes deben imaginarse cómo funcionan los intentos en este tipo de casos.
Disculpen el imprevisto y sepan que a mí me genera esta noticia algo muy parecido a lo que a ustedes les debe estar generando.
Desde los 17 años quiero ir a La Antigua, no solo porque se me hace una de las ciudades más hermosas del mundo, sino porque además conozco poca gente tan cálida y expresiva como la de ese país y esa región, y eso, tanto para la publicidad como para cualquier viaje, es una condición imprescindible para mí.
Desde que conozco que hay un festival de publicidad en La Antigua me muero de ganas de ir, claro que cuando tenía tiempo no tenía los méritos suficientes para que ustedes me invitaran, y ahora que tengo los méritos (solo unos pocos, creo) no cuento con el tiempo. A pesar de la investidura de presidir un jurado, les confieso que mi motivación más grande era la de aprender. Aprender nuevas maneras de comunicarse con la gente, aprender que la creatividad, como creo, no tiene que ser una versión pasteurizada de ella misma, intentando conmover a todo el planeta sin antes proponerse entusiasmar al vecino de al lado, aprender de sus diseñadores y gráficos (todavía creo que los gráficos y directores de arte de esa región son realmente diferentes a nivel global), aprender a que cuando un grupo de creativos del mundo se agrupa más allá de los egos, con el objetivo de ser un poquito mejores, eso sucede.
A cambio, lo que terminé de aprender hoy es que, en estos tiempos de comunicación globalizada, uno no termina nunca de ser el dueño de su propia agenda.
De nuevo mis disculpas, sigo muriéndome de ganas de ir a un festival de esta región tan prestigioso como lo es el de La Antigua. Espero que más allá de las complicaciones que esto les genera, y los enojos, puedan contar conmigo para lo que quieran y algún día cumpla ese sueño que tuve allá por los 17 años. Por lo pronto intentaré seguir haciendo los méritos para que puedan invitarme, y sé que habrán momentos cuando el tiempo y la coyuntura no atenten contra eso.
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