Los imagino solos en el cuarto de los cachivaches.
Luis Aceituno
Mientras más observo a los candidatos presidenciales, más me da la impresión de que no son más que “avatares” de una versión chafa del Second Life. Torpes y reiterativos en los gestos, mecánicos en el habla, tiesos de movimiento y con el encanto propio de los muñecos hechos con trocitos lego.
Hace algunos años, mi abuela me confesó una curiosa y obsesiva costumbre. Siempre que por alguna razón se topaba con algún funcionario público, o aspirante a tal, le miraba con disimulo el trasero. Quería cerciorarse de que a este no le brotara una cola parecida a la del Chamuco. De todas maneras, luego del encuentro, se persignaba tres veces y rezaba dos Aves Marías.
Algo parecido me ocurre a mí los domingos, cuando miro a los candidatos en el noticiero. Soy libre pensador, así que no les busco la cola, pero sí el dispositivo con que los conectan y los desconectan cada fin de semana. De lunes a viernes, me los imagino amontonados unos sobre otros en el cuarto de los cachivaches, mientras un tipo sin rasurar, panzón, descalzo y en anfetaminas les diseña escenarios y estrategias a todas luces delirantes.
Son cosas de la gripe, del tedio o del insomnio. La otra vez los soñé convertidos en replicantes, como los de Blade Runner. El espanto me pasó, cuando recordé que aquellos, los de la película, al menos leían a Shakespeare y mostraban cierta imaginación en el arreglo.
La verdad es que a mi abuela no le faltaba la razón. Los presidenciables, como les dicen, parecen de todo, menos de este mundo. Los veo por la tele y me da la impresión de haber caído en una versión tropical de la Dimensión desconocida. Figuritas que se desplazan de un lado a otro de la pantalla, inquietantemente reales, como los tamagochis.
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1 comentarios:
Scarleth Fajardo: (2007-07-24 11:34:33 horas)
Luis, cabe mencionar que en Blade Runner, la película y "Sueñan los androides con ovejas electricas" el libro, según transcurre en la película se dota de cierta humanidad a las máquinas y se deshumaniza a los propios humanos por lo que el espectador empieza a hacerse las preguntas que los propios protagonistas se hacen. Existe una ambigüedad moral de doble filo que es totalmente constante, y, donde al principio del desarrollo, parece que hay personajes estereotipados (buenos y malos), según transcurre el metraje se dejan ver claramente las causas y las razones que hacen actuar a cada personaje como actúa. No es justificación acerca de los candidatos ya que estos no tienen ninguna justificación.
1 comentarios: