La actriz norteamericana Cameron Diaz visitó Cusco. Además del honor que significó el recibimiento, los peruanos reconocieron en su bolso la estrella roja del maoísmo, la misma con la cual Sendero Luminoso coronó su participación en el conflicto armado.
Rosina Cazali
La actriz norteamericana Cameron Diaz visitó Cusco. Además del honor que significó el recibimiento, los peruanos reconocieron en su bolso la estrella roja del maoísmo, la misma con la cual Sendero Luminoso coronó su participación en el conflicto armado. Pero qué iba a saber la chica malibú sobre historia local. A ella, la estrella, le pareció sencillamente fashion. De turista que andaba por China la compró como souvenir alegórico. La insignia, legitimada por la nostalgia, qué roncha podía levantar.
Si últimamente China nos sale hasta en la sopa, recordé el episodio mediático cuando cierto personaje me anunció que en China estaba por estallar una revolución para liberar al pueblo. Con un gesto superlativo enfatizó: “de las garras del comunismo”. Un estremecimiento similar me sacudió cuando leí ciertos artículos con señalamientos hacia el presidente Arias y su “traición a Centroamérica”, por decidirse a estrechar relaciones con los chinos y no con Taiwán. “Aquí hay gato encerrado”, me dije. Además de un reclamo político impertinente, en sus palabras subyacía algo de aquella condena decadente que salía de lecturas tipo Selecciones del Reader’s Digest, hijas de la paranoia por la amenaza comunista. Pero, a ambos personajes como que las noticias les llegaron tarde. ¿No se enteraron que las relaciones con China dejaron de ser tabú durante la época de Nixon? Si hasta encuentros de ping pong hubo. ¿Y que en tiempos más recientes, China, que usa la “diplomacia de los pandas”, también los ofreció a su histórico rival? Si así están las cosas, inaugurar un Pollo Campero en Shangai, ¿es traición también?
Que alguien me lo explique que estoy confundida. Lo único claro es que en Guatemala perviven como deporte algunas facetas de la Guerra Fría, en ciertos sectores aún excita la idea de defendernos de fantasmas antípodas. Berger abraza al presidente de Rusia y Menchú hace alianzas estratégicas con un empresario, pero a Arias se le regaña como niño chiquito por irse con “los malos de la historia”. Y yo que creí que un país soberano tenía el derecho de decidir su futuro. Pero en el nuestro, donde ser de clase no es irreal, aun hay una visión trágica sobre el uso de íconos que fueron el mismísimo diablo. En los intrincados procesos de asimilación, digestión y eructación de la cultura de masas, la imagen más universal del Ché es un monograma para playeras. Aquí aun toca la moral de conservadores que aspiran a ratificar la frontera entre la imagen correcta y la subversiva. Cómo olvidar el Juannio de 2006, cuando, ante la fotografía más universal del Ché, un comprador ofendido amenazó con retirarse. Siendo más nominalistas que realistas nos falta el tino de missis Díaz o la audacia de las autoridades de la Municipalidad Provincial de Cusco, con lo cual, en una pareja transacción de bienes culturales ella pidió disculpas y la Municipalidad Provincial de Cusco le invitó a la ceremonia del Inti Raymi. Es de fábula, si se quiere. Pero aquí el nuevo orden mundial aun tiene formas extrañas de manifestarse.
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1 comentarios:
Lucrecia Méndez: (2007-07-27 17:02:04 horas)
Muy inteligente artículo. Rosina Cazali puntualiza lúcidamente la pérdida de sentido de iconos que signaron épocas y generaciones, ahora transformados, por el mismo sistema de antes, en algo insípido e inofensivo. Como el Che.
Notable el sentido del humor, a veces muy corrosivo, sobre la cultura espectáculo light.
1 comentarios: