La Antigua tiene fama de ser una ciudad colonial española, creada, desarrollada y habitada de manera principal por los conquistadores castellanos y sus descendientes. La realidad es diferente.
Cuando la sede del Gobierno conquistador fue trasladada al valle de Panchoy después de que Almolonga fue destruida por la correntada que bajó del volcán de Agua en 1541, había si mucho cien familias españolas. Estas ocuparon las cuadras más cercanas al parque central y el resto de las 41 manzanas, cuyo trazo es atribuido a Juan Bautista Antonelli, fue poblado por indios, ya sea mexicanos que habían ayudado a los españoles en la conquista o guatemaltecos que habían sido liberados de la esclavitud y aprendido algún oficio. Los españoles y criollos consideraban denigrantes los oficios de carpintero, albañil, sastre, tejedor, panadero, sombrerero, herrero, dorador, pintor, músico, pescador, cerero, confitero, sedero, horticultor, alfarero y labrador, los cuales producían bienes y daban servicios indispensables a la joven ciudad.
Conforme los indios fueron escaseando, por sobreexplotación, enfermedades o su exportación forzada a otros dominios de España, los españoles y criollos comenzaron a importar negros del Caribe, lo cual le añadió un ingrediente novedoso al fiambre de la población de la ciudad. Los negros se integraron, se fueron mezclando y sus descendientes adquirieron lustre y educación. En 1651 José de Porres, un afromestizo libre, comenzó su carrera de arquitecto, llegando a ser el más importante de la segunda mitad del siglo XVII. Participó en la construcción de la Catedral desde su inicio en 1669, ocupando el cargo de maestro mayor desde 1672 hasta que terminó el trabajo en 1680. También construyó el Palacio Episcopal; trabajó en el Colegio de la Compañía de Jesús, el Convento de San Francisco y la capilla de San Antonio de Padua y la iglesia de Santa Teresa, y construyó casas principales y pequeñas en toda la ciudad. Fuera de la ciudad edificó diversas iglesias, capillas y santuarios. Su hijo Diego extendió su obra por 50 años también, incluyendo la iglesia y claustro del Oratorio de San Felipe Neri, la reconstrucción del puente de Los Esclavos, la iglesia y convento de Santa Clara, la iglesia y convento de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza –Capuchinas–, la Casa de Moneda y la fuente de la Plaza Mayor –más conocida como Fuente de las Sirenas–.
Además de estos oficios calificados y profesiones ilustres, los indios y en mucho menor grado los negros aportaron la mano de obra para sacar las piedras de los ríos, acarrearlas a lomo hasta la ciudad, tallarlas y colocarlas en cada una de las calles del empedrado. Hay más o menos 250 piedras por cuadro; haga usted la cuenta. También participaron en la construcción de todas las iglesias y erigieron los muros de adobe de todas las casas. Indios, mestizos, negros, zambos y mulatos aportaron no solo un alto valor agregado intelectual sino también fuerza de trabajo a la ciudad de Santiago de Guatemala, siendo históricamente accionistas mayoritarios de este monumento cultural.
En 1750, unos años antes del terremoto de Santa Marta, en Santiago había 38 mil 200 habitantes, de los cuales, 6 mil 500 (17 por ciento) eran criollos o españoles, 6 mil 700 (17.5 por ciento) indios y 25 mil (65.5 por ciento) castas mezcladas, o sea mestizos, zambos, mulatos, cambujos, sambaigos, alborozados, moriscos, tente-en-el-aires y otros nombres exóticos. Antigua ya era una ciudad más que mestiza y no nos debe extrañar que lo siga siendo, solo que ahora también hay gringos, suizos, australianos, argentinos, chilenos, etíopes, italianos, españoles (de segunda vuelta,) alemanes, peruanos, cubanos, holandeses, canadienses, belgas, ingleses, franceses, suecos, noruegos, salvadoreños, ticos, japoneses, coreanos y capitalinos. Como las razas y castas precursoras, estos nuevos inmigrantes también dejarán su marca; contribuirán a la riqueza y serán socios culturales importantes de esta Antigua Guatemala, seductora como las sirenas de su fuente, inmortal a pesar de los temblores y de estilo español, aunque desde sus orígenes, tan mezclada como un chojín.
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1 comentarios:
sergio licardie V.: (2007-07-27 11:22:40 horas)
La antigua es una ciudad colonial, poblada por algunos mestizos necios que no quieren salir, muchos gringos y europeos en traje típico (calzón corto y camiseta) que compran los productos artesanales fabricados por los indígenas, para exportarlos a USA. Los restaurantes son de gringos, las tiendas también, en todas se habla inglés. La cultura criolla ha desaparecido, si tiene suerte tal vez pueda comer pepián en el mercado y se lo hagan con semillas y no con bolsita maggi. Los chapines tenemos derecho a ir los días domingos y para Semana Santa.
1 comentarios: