Esperar que en Guatemala las semillas de la democracia real y del estado de derecho florezcan y produzcan frutos jugosos en un avenir próximo es tan realista como pedirle peras al güicoy. Para que estas semillas un tanto exóticas puedan crecer como es debido, el terreno social debería ser fértil; las semillas, de buena calidad y no contaminadas; y los jardineros, competentes, abnegados y perseverantes.
El problema es que el terreno es tan desigual y pobre en nutrientes, que lo único que puede progresar con fuerza salvaje es el zacate. Por su parte, las semillas de la democracia (con su ADN respectivo: observancia de la ley y ciertos valores como la honestidad, la solidaridad social y la justicia), al haberse corrompido en nuestro clima cultural, adolecen de carencias estructurales que les impiden, en la práctica, llevar a cabo su misión germinadora.
Y, finalmente, los jardineros (¡Ah, claro, los benditos jardineros!), al ser ellos mismos vástagos mal-criados de este país, y habiéndose alimentado sin querer o queriendo de la ignorancia y de la precariedad reinantes, no podrán hacer otra cosa sino favorecer un proceso de empobrecimiento y desertificación irreversibles.
¿Cómo puede un país, en estas condiciones, reforestarse a sí mismo? Imposible. La idea de soberanía nacional, en la mayoría de los casos, es una coartada defensiva (como la del avestruz) para impedir cualquier cambio. La lucidez y el realismo nos obligan a reconocerlo: la transformación necesaria jamás podremos llevarla a cabo solos. O se implanta por sugerencias y expectativas foráneas, con la ayuda de experiencias venidas del exterior, o nuestra tierra se convertirá irremediablemente en un desierto dominado por víboras.
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3 comentarios:
Samuel Perez: (2007-07-28 13:14:33 horas)
Muy bueno!
El mismo mensaje de Sylvia Gereda hecho poesía. Ya estamos convergiendo. Talvez estamos dando pauta al tiempo para ver si el panorama sigue desertico o si los jardineros empiezan a fertilizar el terreno. Talvez el tema no es que estemos solos, talvez el tema es que estamos individualizados y des-unidos. Cuando sea el momento, nos juntamos, atendiendo al llamado de Sylvia. Para no dejar el final de las columnas en puntos suspensivos, digo.
samperez1@gmail.com
Anibal Perez: (2007-07-28 11:32:26 horas)
A ver si con esta parabola el monton de gente, incluidos articulistas como Acisclo Valladares (vaya!: sus conocimientos legales son, contradictoriamente, su peor valladar) y Estuardo Zapeta que, aunque claros e insistentes que solitos podemos, todavia persisten en creer que el enfermo terminal todavia puede curarse por si mismo sin ayudas externas. De la Horra ha hecho, hoy, otro descomunal esfuerzo para contrarestar el chauvinismo irredento.
Carlos Sandoval: (2007-07-28 09:26:51 horas)
No creo que haya manera mà s clara de explicar la conveniencia de la CICIG.
Seamos realistas: no podemos hacer las cosas por nosotros mismos. Doloroso pero cierto.
No existe poder ni voluntades locales para desbaratar al poder paralelo enquistado en el estado.
Nuevamente repito: si alguien me dice que si hay voluntad para cambiar las cosas, me avisa para llevar una lupa.
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