Da pena que algunos políticos utilicen como su caballito de batalla el señalar la comisión de supuestos hechos delictivos en contra de sus rivales. Lo vergonzoso es que esos señalamientos obedecen más a estrategias de desprestigio que a nobles intenciones para que la justicia se imponga en contra del infractor. Es decir, el hecho de que en época electoral salgan a relucir los trapos sucios de cada cual es una actitud política pestilente que, lejos de ayudar, deja muy mal parado al dedo acusador por chismoso y cobarde, en virtud de que en su mayoría son hechos punibles cometidos hace mucho tiempo, y por ende no denunciarlos en su debido tiempo convierte a su conocedor en cómplice por omisión de denuncia.
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