Pocos reconocemos ser supersticiosos. Eso sería como admitir que nos comemos los mocos. Ante una confesión así, podríamos esperar un efecto similar en nuestro educado y racional interlocutor: mirada de fingido horror y repugnancia. Aparentamos ser más racionales que Descartes, pero tocamos madera bajo la mesa para que nadie se percate de nuestras creencias impresentables, residuo de una mente primitiva. Ni qué decir de nuestra secreta fascinación por los fenómenos paranormales.
El Diccionario de la Real Academia define superstición como una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Vaya. Con razón resulta tan tentadoramente atractivo este territorio de nadie.
Resulta que la superstición no requiere credulidad como quizás había usted pensado hasta ahora, sino más bien la disposición a dejar de creer en el dogma, y un cierto sesgo subversivo hacia la imaginación. Es cierto que en esos lares abundan la ingenuidad, la alucinación, los ilusionistas y el fraude. ¿Pero será en verdad tan poco científica la idea de que hay algo más, algo que ha resistido el embate de nuestro incansable afán por identificar y catalogar todo lo existente sobre la tierra?
Crecimos entre supersticiones y, aunque no lo admitamos, creemos a medias (sin comprometer nuestra reputación) en su significado. ¿Ha notado usted, acaso, cuántos edificios se saltean el piso 13, con qué frecuencia sus conocidos evitan pasar bajo una escalera abierta o abrir un paraguas dentro de la casa? Pura precaución. Una resobada anécdota cuenta que un amigo le preguntó a Niels Bohr, un destacado físico del siglo XX, por qué tenía una herradura clavada su puerta. El científico respondió: “Dicen que trae suerte.” “¿Vas a decirme que un científico cree en esas supersticiones?”, lo increpó el hombre perplejo. A lo que Bohr concluyó encogiéndose de los hombros: “Pues claro que no creo, pero dicen que funciona aunque uno no crea”.
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2 comentarios:
marco ponciano: (2007-07-30 09:00:14 horas)
Resulta por demás interesante y cierto. No hace mucho una prestigiada revista mundial es español publico un artículo en el que habla de importantes científicos que forman parte de la NASA, que cuando vuelven en temporada o dias de descanso a sus localidades, no tienen ningun empacho en tomar parte en ceremonias que imploran la benevolencia del espíritu del agua y el viento, ataviados con sus trajes y colocandose collares o pulseras que atraen la suerte y la fortuna. Un alto porcentaje de los humanos nunca se divorciará totalmente de lo mágico y sobrenatural, que despierta una pasión subyugante y una emoción especial por aquello que en principio carece de una explicación lógica.
ESTA MUY BIEN!!, ME GUSTO MUCHO ESTE ARTICULO, TIENE TODA LA RAZON LA SEÑORA PAIZ, FIJESE QUE EN OCASIONES HASTA A MI ME HA TOCADO CREER; Y ESO ES QUE YO NO CREO EN NADA.
2 comentarios: