Estamos ya a mitad de año, época en la que nos rodea la comunicación política a nivel nacional y los festivales de comunicación publicitaria fuera y dentro del país, y por estos días - antes o después de que se publique esta nota-, se celebra en julio el Festival de Antigua, magno evento de la publicidad y la creatividad guatemalteca, organizado por la UGAP - Asociación Guatemalteca de Agencias de Publicidad, el cual se proyecta cada vez más como un evento de características internacionales.
José Fernando Gutiérrez. Director: lafábrica&jotabequ
El tema político lo dejaremos de lado, con el fin de tratar de reflexionar sobre el principio de ética y valor de nuestro oficio, pues como todos sabemos, la creatividad no tiene edad ni sexo y mucho menos contextos sociales. Después de ir y venir, y de haber tenido la oportunidad de participar en múltiples festivales locales e internacionales, veo en mis 33 años en el oficio, muy a mi pesar, que cada día pierde más su valor, sobre todo para las nuevas generaciones.
Valor inculcado en las grandes escuelas de la creatividad global y, a la vez, desvirtuado por los mismos directores y creativos que hacemos nuestra labor diaria, pero que, con el fin de alimentar el ego personal o el de los superiores, son capaces de implementar, copiar, fusilar, etcétera, cualquier idea, para obtener la máxima presea de un festival. Una estatuilla que, ya sea un león, un cóndor, un jade o la figura mítica que esta represente, es al final un elemento tangible por medio del cual queremos revalidar para nosotros mismos nuestra gran capacidad creativa.
En repetidas ocasiones he sido cuestionado cuando de participar en festivales se trata, motivo que me ha impulsado a escribir estas líneas para tan importante columna.
Una de mis colaboradoras cercanas, hablando de truchos, sin conocer su verdadero significado y pensando que esta denominación era un chapinismo, me escribió:
“Yo discrepo mucho con lo de no participar por los truchos. Si la industria hoy se mueve de esta forma, no tenemos por qué quedarnos atrás. No estamos yendo en contra de nadie, ni lastimando a nadie. Sólo es vender un anuncio para un fin. El fin es lograr un premio que en nuestra conciencia nos merecemos.
Yo no estoy en contra de eso, porque nos trae imagen y premios aunque sean truchos”.
Lo anterior me hace preguntarme si los nuevos talentos de nuestras agencias conocen el significado de la palabra “trucho” y su relación directa en contra del principio de ética y valor, tan cuestionado en estos días dentro de nuestro oficio por los mismos clientes: La razón de ser de la comunicación y la publicidad.
Según el diccionario de la legua española, su significado es:
trucho, cha.1. Adj. coloq. Falso, fraudulento. Este billete es trucho.
Dentro de la cotidianidad de nuestras labores diarias, no deberíamos perder de vista que nuestro deber como directores a cargo de liderar y formar las próximas generaciones del oficio es inculcar el compromiso y razón de existir como publicitarios, como lo dijo Bill Bernbach, “Nuestro trabajo es vender las mercancía de nuestros clientes… no vendernos a nosotros mismos. Nuestro trabajo consiste en matar el ingenio que nos hace brillar a nosotros, en vez del producto. Nuestro trabajo está en simplificar, en arrancar lo inconexo, quitar de un tirón la madeja que ahoga el mensaje del producto”.
Nuestro trabajo, es hacer comunicación que cumpla con los objetivos requeridos por nuestros clientes, y dentro de este contexto nos enfrentamos con el reto de hacer campañas que funcionen por su efectividad, poniendo lo mejor de nuestro talento para que alcancen el estado de memorabilidad que quisiéramos.
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1 comentarios:
Juan Escobar: (2007-07-30 06:18:21 horas)
Vos Fernando, las palabras significan una cosa en un país y otra en otro. Y hay palabras que en ciertos países nadie usa. En mis 50 años de vida independiente jamás he oído a alguien decir que una cosa es trucha o trucho. Aquí, en este país, decimos: "chafa" o hechizo. Decí dónde lo has oído, más de una vez desde luego y de diferentes personas.
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