Esta campaña es totalmente distinta de la de 2003 porque no hay, al menos de momento, un candidato ungido por los grandes grupos empresariales sobre el que llueven los millones de quetzales y la simpatía de los medios. En aquella oportunidad, Óscar Berger era la cabeza visible de una cruzada en contra de las fuerzas del mal, encarnadas primordialmente por el general Efraín Ríos Montt y, en menor medida, por Álvaro Colom.
Luego de dos intentos, en los que se vio obligado a recorrer sendas veces el país y un trabajoso proceso para reducir anticuerpos dentro del sector privado, no es extraño que quien vaya adelante en términos de conocimiento de nombre, fortaleza organizativa y preferencia de voto sea Álvaro Colom. Y es previsible que, como líder en las encuestas, también sea él el blanco principal de críticas y ataques por parte de los demás candidatos. En la campaña ocurre algo semejante a lo que acontece en una vuelta ciclística: el pelotón siempre estará chupándole rueda al líder, obstaculizándole su avance, para evitar que se escape y gane la etapa.
Lo que sí va contra toda lógica es que el desgaste reciente sea provocado por los propios integrantes del equipo de Colom, quienes en vez de proteger la ventaja de su líder han estado muy ocupados lanzándole chinches y lañas, para detener su impulso hacia la meta. El voto de César Fajardo en el dictamen que rechazó la CICIG y el forcejeo que sucedió a la reiteración de la denuncia por el atentado en contra de José Carlos Marroquín han evidenciado las profundas fisuras que existen dentro de la UNE. La actualización de la denuncia de Marroquín, precisamente dentro del escándalo que generó el dictamen negativo hacia la CICIG, no solo forzó el alejamiento de Fajardo y su desgracia mediática, sino también reavivó desconfianzas y antipatías latentes en el seno del Comité Ejecutivo del partido.
Hoy estamos apenas a 40 días de las elecciones. Precisamente por esa cercanía resulta crucial para la UNE mostrar unidad en el pleno del Congreso cuando se discuta la ratificación del convenio que establece la CICIG. Con uno solo de sus diputados que se vaya por la libre, se afectaría la viabilidad de Colom y el partido refrendaría esa imagen negativa que proyecta con sus ambigüedades en el tema de la lucha contra el crimen organizado. Aparte del efecto que esto puede tener al difundirse por los medios, ello resulta peligroso en un momento en el que las encuestas registran un notable crecimiento en las preferencias de voto hacia Otto Pérez Molina. Si Pérez Molina pudo crecer 10 puntos porcentuales en un mes, y mantiene ese ritmo, es previsible que otro patinazo de la UNE en el tema de la seguridad fortalezca las posibilidades de victoria del PP en la segunda vuelta. Pero también un nuevo traspié afectaría las posibilidades de obtener la bendición de los grandes grupos económicos, traducida en términos del financiamiento de campaña. De momento, los grandes grupos empresariales dan la impresión de no haberse comprometido con nadie, lo cual explicaría por qué han repartido la plata a cuentagotas y de manera casi equitativa entre los punteros. Si Colom no logra proyectar una imagen de unidad dentro de su partido y traducirla en votos a favor de la CICIG, y Pérez Molina continúa con ese ritmo de ascenso, la segunda vuelta puede tornarse muy difícil para sus aspiraciones. Recordemos: del plato a la boca a veces se cae la sopa.
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