Oakland, California, 27 de julio 2007. En Guatemala no hay una “crisis hospitalaria” sino una crisis humana de proporciones aberrantes. No puede haber “crisis hospitalaria” cuando tenemos unos de los mejores hospitales y clínicas médicas del continente. Equipadas con alta tecnología, equipo, profesionales y especialistas con acreditación en el exterior, algo que hace poco en Guatemala solo se asociaba con Houston o Miami. ¿Crisis de salud pública? Obviamente, pero para quienes pueden costear su cuidado médico, ¡Guatemala es el mejor país para vivir!
Los contrastes son estremecedores. Mientras en Guatemala se practican operaciones de corazón abierto en la zona 10 o la zona 16, en el resto del país miles mueren cada mes por falta de atención médica. La diabetes alcanza proporciones epidémicas. Mientras que cientos de ciudadanos con incapacidad renal sobreviven a base de tratamiento intensivo, en el interior del país y las áreas marginales la gente simplemente muere sin siquiera entender qué carajo es una diálisis o un transplante de riñón.
Guatemala se jacta de haber inventado la Incaparina, harina que se suponía iba a erradicar la desnutrición infantil en el istmo centroamericano. Pero no, más del 50 por ciento de infantes menores de 5 años sufren de desnutrición crónica. El 70 por ciento si se cuenta solo a niñas y niños indígenas. Para la mayoría de la gente en Guatemala la “crisis hospitalaria” no es una cuestión electoral sino la diferencia entre la vida o la muerte.
Está claro que los hospitales públicos están dilapidados y hasta estamos perdiendo personal que prefiere emigrar a trabajar en condiciones no dignas, contrarias a la vocación médica, por falta de recursos y convirtiéndose a veces en parte del problema. A los pacientes de hasta abajo no les queda otra que acudir a los 47 hospitales nacionales, a sufrir o morirse haciendo cola.
Y podría ser peor si no fuera por los casi US$4 mil millones en remesas que las y los guatemaltecos estamos enviando al país. Sin la remesa migrante la “crisis hospitalaria” mostraría su verdadera naturaleza: una catástrofe colosal de la salud pública, comparable únicamente a la ocurrida en alguna república africana.
Lamentablemente las remesas migrantes son oasis y espejismo a la vez. Sirven de cuña financiera para una población que sin esa ayuda quedaría a la deriva y pondría más presión en un sistema de salud colapsado, pero al mismo tiempo encubren y sirven de paliativo a un Estado incapaz de responder a sus deberes constitucionales. Tristemente las remesas familiares compiten junto a los dólares de la cooperación internacional, como líneas intravenosas conectadas al cuerpo de un paciente al que le mitigan el dolor, pero no le curan la enfermedad.
La “crisis hospitalaria” en Guatemala es simplemente uno de los múltiples síntomas que presenta nuestro país. Sufrimos un cuadro clínico marcado por un cáncer maligno múltiple que ha invadido todo el cuerpo del Estado, sus instituciones, partidos políticos y otras áreas de la sociedad civil: Corrupción, irresponsabilidad y criminalidad a todo nivel. ¡Necesitamos un/a especialista!
Una mujer y cuatro varones compiten por llegar a ser el doctor de cabecera de nuestro país. ¿Quién de estos políticos le será más saludable a Guatemala?
Al igual que el sistema guatemalteco de salud, el sistema político está gravemente enfermo. No podemos optar a una segunda opinión. Y la mayoría de nuestra gente ni siquiera tiene acceso a un pinche tylenol?
De algo si estoy seguro. ¡Hay que salir a votar! Quienes no podemos ejercer ese derecho desde el extranjero—quienes enviamos remesas, deberíamos exigirle a nuestros familiares que salgan a votar. Que no permitan que las alcaldías, el Congreso o la presidencia de la república quede en manos corruptas o criminales, a consecuencia de no ejercer nuestro derecho constitucional más elemental. ¿Qué todos o todas las candidatas son iguales? Eso no es cierto y peor es votar en bloque o tener que sufrir otros 4 años de los mismo ¡sin haber hecho absolutamente nada!
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1 comentarios:
Isckra Ibarra: (2007-08-05 21:56:29 horas)
"No hay mal que dure cien años...o enfermo que los aguante".
El caos político y -en este caso- hospitalario, es inminente. Desde hace mucho años -desde la distancia-, observo con lamento y melancolía cómo una pequeña zona geográfica se deteriora al punto que aún me sigo asombrando cuándo alcanzará el punto del colapso?
Es así como -día a día- leemos tanto comentario o editorialista sumido en la desesperación, sin así visualizar esperanza alguna...
Pero ya atrás quedaron las modas de la revolución o el sindicalismo organizado que unía a la sociedad en un clamor unificado para exigir no justicia; tan solo RESPETO.
¿Será la desobediencia civil una herramienta útil ante una situación sin líderes? ¿Por qué el pueblo aún hace largas filas para dejar en manos de políticos ladronzuelos y oportunistas sus impuestos? Habrá algún político que se quiere "repartir el pastel" si encuentra las arcas nacionales o la recaudación de impuestos en la bancarrota?
Entonces necesitaríamos no un humano!!! Sino -más bien- un superhéroe al estilo de las tiras cómicas.
No son las autoridades las culpables de este deterioro. Lo es el pueblo que PERMITE el circo de las votaciones para recibir -por los últimos 50 años- más de lo mismo. Siempre lo he dicho: "hechor y consentidor, pecan por igual", a lo que también hoy es lo mismo: "cada pueblo tiene el gobierno que se merece".
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