Vivimos en un país estrecho como un corredor, y no porque lo diga el mapa. Que se encoge con el tiempo, además. Un reportaje de este diario resaltaba el sábado que en el afán por proteger a nuestros hijos en medio del clima de inseguridad cada vez limitamos más el desarrollo autónomo de las nuevas generaciones.
Es verdad que en un desmedido temor por su seguridad les permitimos a los niños menos actividades no supervisadas, y hay que ver también cuántas pequeñas libertades nos vedamos a nosotros mismos sin percatarnos siquiera. ¿Acaso bajamos la ventanilla para disfrutar nuestro clima perfecto? ¿Es que sacamos al perro a dar la vuelta a la manzana en una noche fresca? Antes que correr riesgos innecesarios preferimos repasar nuestros angostos laberintos, como en una faja estacionaria, siempre viendo el mismo paisaje.
Cuando alguna vez salimos de vacaciones al extranjero, recuerdo que mis hijos nos increparon: ¿Por qué no podemos vivir en un país así de grande? Tartamudeé alguna incoherencia, sorprendida por el reclamo. Aún preescolares, no tenían idea de la porción territorial que ocupa cada país, tan solo una novedosa sensación de espacio. Los niños habían notado la diferencia (no de tamaño sino de posibilidades) entre el sitio en que vivían y el lugar que visitaban, por la actitud distendida y confiada de sus padres, por la cantidad de tiempo en que podían desplazarse solos, por la libertad con que les era permitido alejarse a más de una brazada. Su pregunta me hizo caer en cuenta de cuán constreñidos vivimos aquí por nuestros temores.
La violencia impone cierta precaución, pero ¿qué pequeños riesgos podemos tomar para ampliar el angosto corral en que hemos convertido nuestra vida? Eso o quedarnos a vivir en un país donde cabemos apenas en apretujada vecindad con nuestros temores y las oportunidades de crecimiento siempre parecen estar más allá de la frontera.
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1 comentarios:
Samuel Perez: (2007-08-06 13:22:13 horas)
Excelente y oxigenante articulo! Los espacios se cierran, no hay parques y los que hay son , cual carceles, enrejados. Creo que lo mas cercano a calidad de vida es la Antigua. Mi sobrino de 3 años vino de mexico a visitarnos a Canada. Un pedazo de pasto verde de unos 200 mts cuadrados fue suficiente para que el se sintiera libre. No necesitaba Disneylandia.. un pedazo de grama bien cuidada para correr libre. Y nosotros tranquilos a 200 metros, viendolo reir y gritar de emoción. Y eso que en Mexico DF no es aún un corredor.
1 comentarios: