Hace unos meses me pregunté en qué gastábamos la energía en mi departamento creativo.
Diego Lanzi, Director General Creativo, DDB Guatemala
Miré para mi costado y vi cómo nos pasábamos un montón de horas jugando al FIFA en las máquinas, nos tomábamos mucho tiempo para almorzar, bajábamos música y la compartíamos. Vi cómo hablábamos mucho de cine, de viajes, de hoteles en la playa, de estilos de dirección de tal o cual director.
Y además, invertíamos algunas horas en pensar. El problema es que invertíamos muchas de esas horas de pensamiento en pensar piezas que solo pautan en los festivales, que no tienen brief, que no tienen clientes que aprueben o desaprueben, que no tienen ejecutivos de cuentas que hagan comentarios media hora antes de presentar la campaña, que no tienen resultados.
Entonces, como no iba a evitar que jugáramos en las “compus”, que habláramos de cine, viajes o de música y de hecho, no quería evitar que eso pasara, decidí que el tiempo dedicado al pensamiento sería solo para cosas que van a ir al aire, que van para la tanda (corte comercial).
Ese día, sentí algo interesante. Sentí que estábamos empezando a hacer mejor nuestro trabajo. Que cada orden de trabajo que entraba sería una única oportunidad para hacer cosas interesantes y capaces de ganar un premio en un festival de publicidad.
En eso estábamos, cuando llegó el Festival de Antigua.
Y enseguida nos preguntamos qué hacer. ¿Volvíamos a pensar para pautar en el Festival o seguíamos pensando en pautar en la tanda y ver si eso nos alcanzaba para llevarnos algún premio en un festival lleno de cosas pensadas solamente para ese evento?
La decisión fue muy fácil. Nos cagamos en los “truchos” y presentamos el fruto real de nuestro trabajo en el último año. El trabajo que hicimos junto con los chicos de cuentas, con el presidente de la agencia, con los proveedores, y sobre todo con los clientes.
Y cuando llegó el Festival, teníamos 5 finalistas de las 20 inscripciones realizadas, y encima nos llevamos un premio con un comercial para carros, una categoría tremenda en todos los festivales reales del mundo, que da mucho prestigio y que es muy deseada por las agencias.
También nos pasó otra cosa esa noche, caímos del lugar cuatro al fondo de la tabla en el ranking de las agencias más premiadas de la región. También nos pasó que nos fuimos muy enojados, frustrados, pero también nos pasó algo muy bueno: decidimos volver el año que viene con la misma filosofía.
Porque para nosotros solo hay una manera de ser la agencia del año, ser la agencia más premiada en los festivales, con los trabajos más premiados en el Festival de la tanda.
No lo hacemos por eso, pero nos encantaría que el mercado entienda el mensaje y sean más las agencias que busquen ganar los premios de la tanda. Las ideas están, muchas de las premiadas en La Antigua eran excelentes, solo falta que todo el mundo las vea cuando se prende la “tele”, se abre un diario o se enciende una radio. Las marcas lo van a agradecer y nuestra profesión, también.
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