Un importante servicio a la nación ha prestado el Procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, al advertir que la violencia se está apoderando peligrosamente de la actual campaña política electoral, que culminará el 9 de septiembre próximo con la elección del nuevo Gobierno.
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Un importante servicio a la nación ha prestado el Procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, al advertir que la violencia se está apoderando peligrosamente de la actual campaña política electoral, que culminará el 9 de septiembre próximo con la elección del nuevo Gobierno.
Y tiene razón el ombudsman guatemalteco, pues en el actual período proselitista se han registrado más de 30 asesinatos de activistas políticos, la mayoría de ellos vinculados a los partidos mayoritarios en la contienda, la Unidad Nacional de la Esperanza, UNE, el partido Patriota, PP, y la Gran Alianza Nacional, Gana.
Hay que poner oídos al Procurador, particularmente cuando señala: “En la actualidad se da mucho más violencia que en las elecciones pasadas, y esta va en aumento a medida que se acerca la fecha de la votación”.
Lo único que nos falta en la actual campaña eleccionaria 2007 es que meta sus torpes manos la indeseable violencia, que tantas victimas causó en el pasado político guatemalteco que todos quisiéramos olvidar. Los actuales líderes partidarios deben actuar con la mayor responsabilidad y buena fe en busca del auténtico bienestar del pueblo. Lo único que puede traer la violencia electoral como consecuencia inmediata es el rechazo, la condena y el alejamiento de los votantes. Es urgente detener el resurgimiento de los condenables métodos proselitistas del pasado, cuando las balas prevalecían sobre los votos.
Estamos a 32 días de concurrir a las mesas electorales y esta campaña electoral transcurre ante la apatía de los ciudadanos, en medio de las trilladas e incumplidas promesas de siempre y las intrascendentes cancioncitas con las que el mercadeo propagandístico trata de posicionar a los candidatos.
A estas alturas, el pueblo de Guatemala exige de los partidos políticos y sus candidatos que expongan con madurez y altura de qué manera pretenden resolver los graves problemas nacionales, como la inseguridad y la crisis económica, en que estamos inmersos. Es hora de soluciones y no de agresiones. La violencia política debe ser superada por la elección democrática. La violencia política es condenada por el ciudadano consciente, desalienta al sufragante e incrementa el abstencionismo.
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