El 13 de junio de 2007, a las 18:30 horas, asesinaron en la zona 10 de la ciudad al joven economista Marco Antonio Sánchez García, el profesional de más reciente incorporación al equipo del Informe Nacional de Desarrollo Humano de Guatemala. Marco trabajaba brazo a brazo conmigo para darle forma a lo que será el próximo INDH sobre la economía guatemalteca y su relación con el desarrollo humano. El día que lo asesinaron –y a pesar de la hora- Marco iba en camino a una reunión de trabajo. Era un profesional excelente; joven, a veces acelerado en su proceder, pero con toda la gana de aprender y dar lo mejor de sí para contribuir al desarrollo de su país.
En pocos días será 13 de agosto. Habrán transcurrido dos meses de su asesinato. Sesenta días desde que diera inicio la investigación sobre el hecho y, hasta donde sabemos, no hay todavía un informe oficial y público de lo ocurrido.
Ciertamente, ni Marco ni los otros dos jóvenes que fallecieron violentamente esa noche eran figuras políticas, económicas o sociales del escenario nacional. Por tanto, sus muertes no son de las que acapararán titulares en los medios por días, ni son de aquellas por las cuales los funcionarios públicos acostumbran recibir fuertes presiones externas para intentar su esclarecimiento. Al menos en el caso de Marco, el hecho de haber estado asociado al Informe de Desarrollo Humano y al PNUD, ha propiciado que se diligencie el caso en alguna medida.
Pero que se investigue no alcanza. Reitero, son ya más de 40 días desde el suceso y yo me pregunto: ¿hay ya un caso establecido? ¿Cuándo se harán los arrestos correspondientes? ¿Cuándo se presentará el caso a los tribunales? ¿Cuarenta días es tiempo suficiente para ello? A lo mejor no…
En el caso de Myrna Mack, fueron cerca de 11 años hasta lograr una condena de los autores materiales; con monseñor Gerardi tomó como otros 10 años. Al parecer, el papá de Claudina llevará su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante la inoperancia de la justicia guatemalteca. ¿Será que la mamá de Marco deberá hacer lo mismo? ¿Quién nos rinde cuentas a nosotros, los y las ciudadanas de este país, sobre cada asesinato que ocurre? ¿Sobre cada investigación que no prospera y cada caso que no se lleva ante los tribunales? ¿Cómo es posible que la tasa de efectividad de condenas del Ministerio Público oscile apenas entre un 3 por ciento y un 5 por ciento, y nos quedemos como si nada?
La certidumbre de que nada pasará es la clave de la impunidad con la que pudieron asesinar a Marco esa noche, y con la que a diario asesinan un promedio de seis guatemaltecos, en su mayoría varones, pero crecientemente también a mujeres, y de maneras profundamente despiadadas.
Yo no sé si Marco andaba “metido en algo”, como alguna gente rumorea. Me cuesta imaginarlo, dado su carácter y personalidad en extremo pacífica. Más bien, cuando escucho esa tonadilla, caigo en cuenta en que hemos degenerado tanto como sociedad que, encima de todo, se le atribuye a la víctima la culpa de su brutal asesinato. “Algo hizo”; “en algo andaba metido”; frases que heredamos de la época del conflicto armado, y que reproducimos en esta nueva etapa de “impunidad armada” que nos está tocando vivir, más indemnes y vulnerables quizá que hace 20 o 25 años, pues ahora prácticamente nadie se escapa de “andar metido en algo” que a alguien más no le guste. Cómo no, si así corroboramos la idea que históricamente ha sido instalada en nuestra mente chapina de que somos merecedores de la muerte o el exilio si osamos alterar el statu quo de alguien más.
Es inadmisible que la Policía y el Ministerio Público se den por satisfechos cuando su “investigación” apenas los lleva al punto de establecer hipótesis. Aquí quedaremos nosotros, amigos, colegas y ciudadanos guatemaltecos, ¡exigiendo justicia para Marco y para los miles de guatemaltecos que están muriendo impunemente año tras año!
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3 comentarios:
Samuel Perez: (2007-08-10 15:39:31 horas)
Conociendo a Maco, como ex alumno en la URL, dudo que haya estado "metido en algo sucio". Hay algunos jovenes que por su proceder, sus actitudes, costumbres sociales y sus "bienes de prisa adquiridos", evidencian estar metidos en negocios turbios. Maco no mostraba esas señales.
Sin embargo, tampoco quisiera creer que su asesinato está vinculado con cuestiones políticas, ideológicas o por ser un investigador social, si ese es el tinte que se le quisiera dar a su lamentable deceso. Si en la investigación se encontraran motivos relacionados con su trabajo o actuar profesional, pues se debe ir más al fondo y tristemente diríamos que en Guatemala no hemos avanzado ni un ápice desde los tiempos oscuros de la guerra fría.
Al igual que usted, Karin, creo que el crimen debe ser esclarecido cuanto antes, aún que fuese una consecuencia más de la delincuencia "común". Aunque a veces la gente muere por estar en el lugar equivocado en el momento incorrecto tampoco es tolerable vivir en una sociedad así.
danilo pinales: (2007-08-10 11:51:44 horas)
Pues vaya buscandose una silla para esperar años.
Esta clase de asesinatos en Guatemala son dificiles de resolver, hay que ser diputado salvadoreño para que muevan mar y tierra y encontrar a los "culpables".
raul osegueda: (2007-08-10 08:35:54 horas)
Ms.Karin: A nivel internacional todos los crimenes que no se resuelven en 48horas se tornan dificiles. En muchos casos si hay politica o un miembro de gobierno estatal o federal esta involucrado jamas sera investigado y se pondra en el buzon del olvido. Tragedia lo del muchacho un buen guatemalteco y un futuro apagado, pero si hubiera una policia con astucia y educacion criminal otra cosa fuera pero guatemala solo tiene empleados de gobierno que reciben sueldos y ya, nadie a nivel gubernamental trabaja las 8 hoiras correspondientes a nivel profesional.
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