¿Es una mala educación peor que la falta de educación?
Rigoberto Juárez-Paz
Algunos lectores recordarán que en mi columna del viernes pasado cité a un guardián a quien el dueño de un terreno irregular le pidió que sembrara unos árboles frutales, pero que tratara de aprovechar el terreno lo mejor posible.
Cuando el dueño volvió la semana siguiente y felicitó al guardián por el trabajo que había realizado, pues siendo él ingeniero, afirmó, no pudo haberlo hecho tan bien, el guardián replicó: “Es que como yo no soy educado tengo qué usar la cabeza”.
Es importante poner énfasis en que el guardián no quiso decirle a su empleador que, pese a haber estudiado geometría en la universidad, no sabía hacer algo tan elemental; o que su educación de nada le servía para resolver un problema tan sencillo; no, no quiso decirle eso. Ello hubiera sido una especie de insulto para su jefe. Lo que quiso decirle fue que una persona como él, que escasamente sabía leer y escribir, ante una situación que requería una solución, él no podía recurrir a ningún conocimiento previo y que, por esa razón, él tenía qué tratar de descubrir la solución solo con base en aquello que le dictara el sentido común o la luz natural de la razón.
Por otra parte, la buena educación fortalece el sentido común, de manera que una persona bien educada está en condiciones mucho mejores que una que solo tiene como guía sus capacidades innatas, que es la situación de la mayoría de los seres humanos que no han tenido la oportunidad de recibir instrucción escolar. De ninguna manera, como fácilmente podría creerse, quiso el guardián oponer el sentido común a la educación en general. Tampoco quiso oponerlo, a la mala educación. Él solo quiso decir que quien no ha tenido educación formal y confronta problemas, lo único que le queda es recurrir a la luz natural de la razón.
Pero, agrego yo, si lo único que la mala educación formal lograra fuera debilitar o anular el sentido común, en verdad todos estaríamos mucho mejor si nos mantuviéramos alejados de las escuelas. En ese caso ¿es una mala educación peor que la falta de educación? Yo no creo que haya en ninguna parte del mundo sistema educativo tan malo. Sin duda, hay unos mejores que otros, pero probablemente ninguno tan malo que sea mejor no someterse a su influjo.
Lo cierto es que nuestras escuelas, especialmente aquellas en las que no hay ninguna supervisión, podrían mejorar considerablemente si a los profesores, jóvenes y viejos, los visitaran maestros de reconocida capacidad y experiencia, para ayudarlos a ser mejores guías de la juventud. La capacidad docente no está tan bien repartida en el mundo como el sentido común. Me refiero a los profesores de todos los niveles, aunque al hacerlo a profesores universitarios sería suficiente que los decanos visitaran las aulas de vez en vez. Ello estimularía a los profesores a mantener un nivel de trabajo tal que los alumnos no pensaran que, al haber visita, su profesor se desempeña mucho mejor que de ordinario. Pero no diré nada más al respecto porque desconozco la situación actual de la supervisión escolar, si es que la hay.
Una observación final. La adquisición de principios o formas de conducta es la finalidad principal de toda experiencia escolar, aunque solo sea la de aprender a jugar bien al fútbol. Los principios, buenos o malos, se adquieren viéndolos encarnados en la conducta de nuestros maestros, de la especie que sean. No es preciso memorizarlos. Los principios, cualquiera que sea su naturaleza, se graban en la memoria sin esfuerzo alguno. El padre que le dice a su hijo “decí que no estoy” lo arruina de por vida, pues le enseña a mentir. Es por ello que desde siempre se ha sabido que se educa con el ejemplo. La prédica tiene una función importante pero secundaria.
El que dijo: “yo solo se, que no se nada”, sabia más que muchos de nosotros. Yo creo que lo he aprendido en toda mi vida es que, debería saber las limitaciones de lo que creo que se. Y luego me pregunto, será?
Carlos Alberto Asturias Paz: (2007-08-10 05:46:55 horas)
USAR LA CABEZA.
Mas bien el cerebro, para adquirir grado profecional es ineludible la necesidad de tan imperioso requerimento.Si a eso le agregamos corazon todo bien.
Sin menosprecio o menoscabo de nuestros trabajadores y su capacidad, la evolucion va de la mano de la preparacion.
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