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    Guatemala, lunes 13 de agosto de 2007

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    OPINIÓN

    Los cocodes son clientelares

    Mario Fuentes Destarac

    La red de cocodes responde a una clara política de descentralización para el centralismo.

    La propuesta del presidenciable oficialista en el sentido de utilizar los Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes) como parte de la implementación de una estrategia de seguridad ciudadana es un despropósito.

    Los Cocodes, creados en la Ley de Consejos de Desarrollo Urbano y Rural, fueron la respuesta que dio el Gobierno eferregista a las necesidades de descentralización de la gestión pública y de organización social.  

    Sin embargo, la integración de los Cocodes y la asignación y distribución de los recursos que se canalizan a través de estos no se originan de la voluntad espontánea de las comunidades interesadas, sino que dependen de la decisión arbitraria de las autoridades políticas que administran y controlan los fondos (Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia, gobernadores y diputados distritales). Es decir, que los Cocodes, ni por asomo, son genuinas comunidades de ciudadanos, en las que estas deciden, con autonomía e independencia de criterio, y asumen la responsabilidad por sus decisiones. Más bien, se asemejan a filiales partidarias o entes surgidos alrededor de carencias o deficiencias materiales, cuya misión principal es pedir ayuda, reclamar o recibir algo.

    En dos platos, la red de Cocodes, además de que responde a una clara política de descentralización para el centralismo, cumple un propósito eminentemente clientelar, ya que su actividad se reduce a conceder favores (bienes, servicios, obras, empleos y demás) a cambio de apoyo político y votos, dando lugar a una típica relación de dominio y dependencia políticas.

    Por otro lado, los Cocodes también lesionan la autonomía municipal y compiten deslealmente con la organización comunitaria tradicional (comités pro mejoramiento), basada en el voluntariado y la solidaridad, ya que cuentan con la ventaja que les confiere la ilimitada provisión de recursos estatales para uso discrecional y politiquero, lo que ha redundado en que el servicio público voluntario se haya debilitado de manera alarmante.      

    En fin, los Cocodes no construyen ciudadanía consciente y responsable ni poder local. Tampoco promueven autonomía personal,  influencia en las políticas públicas, respeto, pluralismo, cohesión social, autoayuda y desarrollo. Por el contrario, son la columna vertebral del Estado clientelar, cuya finalidad no es el bien común, sino la conservación de una fuente ilimitada de privilegios, rentas y enriquecimiento para los participantes.

    Por tanto, proponer que los Cocodes se hagan cargo de la seguridad ciudadana equivale a “clientelizar” la seguridad de las personas y sus bienes, así como a consolidar un vasallaje politiquero sin precedentes.

    Mario Fuentes Destarac

    12 agosto 2007

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