La necesidad de oponer a la necedad, la sabiduría.
Amable Sánchez Torres
Pocas palabras tan oportunas, para meditar sobre ellas en estos días previos a las elecciones, como las escritas por San Pablo a los efesios, en el capítulo cinco de su carta a los mismos: “Mirad, pues, que viváis circunspectamente, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef 5, 15). Tres cosas resaltan en ellas: que ya por entonces los días eran malos; que hay que vivir circunspectamente; que necesitamos oponer a la necedad la sabiduría. En términos generales, quizá los días malos hayan sido siempre la regla y los buenos la excepción.
Cuando alguien habla de días buenos, como si estos hubieran sido la regla o pudieran serlo, sus onsideraciones se nos antojan ribeteadas de utopía: reinos utópicos, reyes utópicos, reglas utópicas, ciudadanos utópicos… soñar no cuesta nada, dicen algunos, pero los sueños sueños son, han dicho otros. Si somos realistas, tendremos que recortarle el vuelo a nuestra imaginación y pensar únicamente en menos días malos o en días menos malos. Hace mucho que el paraíso –si es que existió alguna vez– se perdió para siempre.
Por eso es más explicable el consejo de San Pablo a sus fieles de que vivan de manera circunspecta. Circum, en latín, significa alrededor. Aspicio, examinar, escrutar, mirar con insistencia. Se trata, por consiguiente, de mirar insistentemente alrededor: de estar atento, despierto, vigilante; de saber sobre qué pie se está parado, de no dejarse sorprender, de no permitir que nadie nos embauque y nos agarre por la espalda. En términos griegos, diríamos que se trata de vivir periscopeando: peri es igual que circum o alrededor; scopeo es igual que aspicio o mirar con insistencia. Aquí tiene sus raíces la palabra periscopio. “Instrumento óptico que permite, por medio de espejos o prismas instalados en un tubo vertical, la observación de una zona inaccesible a la visión directa, como el de los submarinos” (Diccionario de la lengua española, RAE).
No importa mucho ahora que San Pablo dijera estas palabras sub specie aeternitatis: es decir, pensando en el cielo. Sirven igualmente entendidas sub specie temporalitatis. Toda atención, vigilancia y conciencia es poca. Porque la necedad es muy grande, y no hay mayor sabiduría que vivir con la dignidad que nuestra libertad reclama. Ser hombre y ser sabio, al menos desde el punto de vista ético, debería ser lo mismo.
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