laColumna: Buscando a syd
En septiembre se cumplen los quince años de muerto de Cardoza y Aragón. Luis Cardoza, siendo todo lo que es, no deja de ser un desconocido.
Hay varias razones que explican esta circunscripción, este recorte de su notoriedad. Me limitaré a una de ellas: es que a Cardoza ningún género literario le respalda realmente, salvo acaso el de la poesía. Pero la poesía no es respaldo alguno, pues se trata de una criatura lechosa, caliginosa, y en suma invertebrada. Algunos poetas, es cierto, han ido evolucionando y logrado desarrollar un singular exoesqueleto editorial, muy consistente, el caso de maximones tipo Gelman o Gonzalo Rojas, pero hay que anotar que en muchos otros tal estructura es de naturaleza puramente externa. Quiero decir que mayoritariamente la poesía sólo puede sobrevivir gracias a la connivencia de la hagiografía, la ideología o la mera depresión, todos fenómenos ajenos a la poesía como queda claro. Tanto no deberíamos de confiar en la inercia de unos nombres, que a lo mejor son sólo el producto de congresos literarios, corcovados posgrados, dudosos arbitrajes de publicación, y fenómenos hormonales. Clarificado eso, vamos a ver a Cardoza por el lado de la prosa. Escribió mucha prosa, Cardoza, la resudó, pero no en forma de novela. Y la novela es el único culo que vende en esta ciudad, y si no que lo diga el fenecido Roberto Bolaño, cuyo éxito jamás pudo haberse concretado en el terreno, por ejemplo, del ensayo. Del ensayo diremos que es un género típicamente sobrevertebrado. Pero en los ensayos de Cardoza no hay huesos, y cuando los hay están como asediados por una especie de porosidad metafórica, que podríamos llamar osteoporosis de Apollinaire, para dejarlo más científico. Decididamente, estar sin género es para un escritor como vivir en la calle. Agregar comentario: |
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