Opinión:¿Signos de cambio en Cuba? (I)El estilo de Raúl Castro es muy distinto al de su hermano. Por: Fernando Andrade Díaz-Durán
El lunes 13 de agosto recién pasado, el presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, cumplió 81 años, pero las celebraciones de su cumpleaños fueron, por decirlo de alguna forma, modestas y muy discretas: fuegos artificiales y la publicación del libro Memorias de la Revolución. Precisamente el 31 de julio del año recién pasado, el presidente Castro delegó en su hermano el general Raúl Castro, Ministro de la Defensa, la autoridad plena del Gobierno y reestructuró la dirigencia del Partido Comunista de Cuba adjudicando responsabilidades, según lo consideró conveniente, debido a sus quebrantos de salud. Quizá en aquel momento se consideró que el retiro del poder del Comandante en Jefe sería temporal y que pronto regresaría para asumir las funciones de Gobierno. Se anunció al pueblo de Cuba que las celebraciones de su onomástico serían retrasadas para septiembre y después, se pospusieron para diciembre cuando hubo grandes celebraciones y concentraciones multitudinarias del pueblo cubano, pero sin la presencia del homenajeado que continuaba aquejado de una grave dolencia intestinal que aún, a la fecha, no se conoce con detalles.
El tiempo ha transcurrido rápidamente después de aquellos acontecimientos y por más de un año, Raúl Castro ha consolidado su poder político y ha mantenido a la población en calma, salvaguardando la unidad del Gobierno. Las predicciones que se hicieron en distintos medios de comunicación en el sentido de que vendrían a Cuba tiempos de tormenta política, tensión social y resquebrajamiento de la estructura partidista, no se cumplieron. Más bien Raúl Castro con un estilo de Gobierno muy diferente al de su hermano Fidel, ha manejado las cosas de tal manera que ha logrado la continuidad sin estridencias, pero al mismo tiempo en que se ha fortalecido personalmente, ha lanzado iniciativas que deben estudiarse cuidadosamente. Raúl Castro es una persona reservada, de pocas palabras que no gusta de los largos discursos sino más bien, es un hombre de acción, muy disciplinado y exigente con sus subalternos, pero aunque pareciera que todo sigue igual, hay signos de cambio en el frente interno y en las relaciones internacionales. Con mucha franqueza en el último discurso al pueblo cubano, cuando conmemoró el 26 de julio y en otras ocasiones, ha puntualizado lo siguiente: hay que poner en orden la economía cubana afectada profundamente por la corrupción de los que manejan relaciones empresariales, controladas por el Estado, hay que sancionar las faltas e indisciplina laboral que son comunes en sectores importantes de la población y hay que reconocer que los salarios no cubren las necesidades básicas de muchos cubanos. Igualmente, ha hablado de incentivar las inversiones de capital foráneo para reactivar la economía cubana y hacerla más diversificada y menos dependiente de la producción de azúcar. Afortunadamente, para el Gobierno de Cuba, cuenta con el apoyo incondicional del Gobierno de Venezuela que garantiza el suministro de petróleo en términos sumamente favorables, da respaldo financiero y que además ha hecho inversiones en empresas agrícola-industriales que tienen potencial de desarrollo. En el frente internacional, Cuba ha mantenido su línea y su presencia y aunque su liderazgo se ha visto sensiblemente disminuido, se siente apuntalada por el Gobierno venezolano y su Presidente y con el respaldo y la simpatía política innegable de los presidentes de Bolivia y de Ecuador, aunque en distinto grado. Las relaciones con Brasil y Argentina son más distantes, pero normales. Con México, después de los problemas que surgieron entre el presidente Vicente Fox y el presidente Fidel Castro, ha habido un acercamiento diplomático significativo que ha culminado con el nombramiento de un nuevo embajador mexicano en La Habana. Pero es digno de mención el hecho de que en dos oportunidades, en diciembre del año pasado y en la celebración del 26 de julio, Raúl Castro ha hablado de dialogar con Estados Unidos de América en igualdad de condiciones, extendiendo una rama de olivo para normalizar las relaciones y poder negociar una apertura económica que rompa con el bloqueo que ha aislado a Cuba por décadas y que tanto le ha afectado en su desarrollo económico. Raúl Castro ha ido sustituyendo a diferentes dirigentes y nombrando a personas allegadas a él. Y mientras se fortalece internamente, en lo político, vislumbra e impulsa cambios económicos en forma gradual. Agregar comentario: |
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