Opinión:
A raíz de la nota que publiqué el lunes pasado –“No se rompió la inercia electoral”- recibí el resumen de un extenso estudio, de carácter privado, sobre intención de voto llevado a cabo en las dos últimas semanas. Básicamente lo que me quieren demostrar es que las cartas no están tiradas en estas elecciones.
Esta encuesta coincide con las que publican los diarios solo en las grandes tendencias: Álvaro Colom va de primero, Otto Pérez de segundo y Alejandro Giammattei de tercero. Pero las distancias que los separan dibujan otro escenario. Son cifras dramáticas: Colom tendría 35 por ciento, Pérez 30 y Giammattei 10. Si tienen razón esos datos, se anticipa un cierre de primera vuelta mucho más disputado entre los dos punteros, lo cual tiene varias implicaciones. Casi todos dan por descontado que tendremos segunda vuelta el 4 de noviembre, pero el panorama cambia notablemente según cómo los candidatos salgan de la primera vuelta. Una diferencia de 10 o 15 puntos entre Colom y Pérez, habría anticipado un volletage de trámite para el primero. Pero una distancia de cinco puntos habla de una tendencia hacia el empate.Y eso será complicado de manejar bajo la nueva organización electoral. Como se sabe, las reformas de la Ley Electoral y de Partidos Políticos de hace tres años obligan, entre otras cosas, a descentralizar las mesas receptoras de votos y depurar el padrón electoral con el propósito de acercar las urnas al domicilio de los empadronados. Eso implica un operativo logístico monumental: las circunscripciones pasan de 332 a cerca de mil y las mesas receptoras de unas 8 mil a casi 14 mil. El tema no ofrecería dificultades más allá de las normales si el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se hubiera preparado con antelación. Pero como apostó al escenario en que las reformas serían anuladas por la Corte de Constitucionalidad, dejó las cosas para última hora. Entonces, el horizonte que se asoma es de incertidumbre: solo fue depurado poco más de la mitad del padrón, los encargados de mesa acaban de ser reclutados y están siendo capacitados a marchas forzadas, nadie garantiza la seguridad en el traslado de las boletas, las comunicaciones son frágiles en lugares de difícil acceso, y vulnerables a condiciones climáticas que podrían ser adversas. Quiere decir que hay puerta abierta para irregularidades y retardo de varios días en la entrega de los resultados, dejando peligrosos vacíos de información. Ese cuadro enmarcando una final tan cerrada, como anticipa el estudio al que tuve acceso, obliga a poner un rótulo de advertencia a la ronda definitiva del 4 de noviembre: “no se agite, estas elecciones contienen sustancias peligrosas”. Agregar comentario: |
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