Opinión:La minoría dominanteLa dolorosa irrelevancia de mujeres, jóvenes e indígenas. Por: Gustavo Berganza
Lo peor que puede pasarle a alguien en este país es ser mujer, joven, maya, garífuna o xinca. Si usted pertenece a alguno de esos grupos demográficos, es muy probable que ya haya tenido oportunidad de comprobar las terribles limitaciones que le impone el sistema social guatemalteco.
Como mujer, usted habrá tenido que tragarse pacientemente las bromas en doble sentido con que la saludan sus compañeros de trabajo o de estudio, y hacerse de la vista gorda cuando el jefe la acosa con invitaciones o miradas lascivas. Como maya, habrá escuchado comentarios descalificadores y le habrán hecho preguntas o impuesto requisitos que no se plantean a ladinos y ladinas. Y lo mismo si usted se define como garífuna o xinca. Y como joven, se habrá dado cuenta de las enormes dificultades que le imponen para obtener trabajo, donde, por su edad, salvo que usted tenga un apellido sonoro o la empresa sea de su papi, solamente se le da acceso a plazas mal pagadas, desmotivantes y sin ninguna perspectiva de mejora. Lo que el sistema social impone a estos grupos se replica magnificado en el sistema político. A pesar de ser las mujeres mayoría, siguen siendo las menos en los comités ejecutivos de los partidos, en los puestos de elección popular y en oficinas claves del Gobierno. Como votantes, el enorme peso de la tradición patriarcal las mantiene en minoría en el padrón electoral, donde los hombres representan el 53.11 por ciento del total de ciudadanos aptos para votar. En las elecciones de este año votarán por vez primera más de 1 millón de jóvenes, guatemaltecos y guatemaltecas comprendidos entre los 18 y 23 años de edad. Sin embargo, en términos del acceso que los jóvenes tienen a órganos de decisión de los partidos políticos, una revisión rápida de los comités ejecutivos nacionales evidencia que no tienen posibilidades de incidir en estas organizaciones. Esta realidad, en la que las mujeres, los jóvenes y los indígenas se mantienen en la periferia del poder, sujetos a la hegemonía de hombres ladinos, generalmente mayores de 35 años, es reflejo mediático del proceso electoral. En la observación que DOSES, la organización para la que yo laboro, realiza para Mirador Electoral se ha evidenciado que estos grupos aparecen con poca frecuencia como actores en el proceso electoral. En el período entre el 1 de junio y el 9 de agosto, las mujeres solo han sido mencionadas en 176 oportunidades, de las cuales apenas 14 han sido en su calidad de electoras. En el caso de los jóvenes, las menciones han sido 84, de las cuales 48 se refieren a este grupo como votantes. Y eso que estamos hablando de un universo de 4 mil 195 noticias y comentarios acerca del proceso electoral. Los medios han hecho un buen esfuerzo para dar cobertura a estos grupos, que sumados, constituyen la mayoría y aún así, ya se ve, los temas que les competen y su papel como actores políticos, es marginal. La tarea que queda pendiente para el sistema político es darles más espacio, pero en posiciones donde puedan hacerse escuchar e influir en las decisiones. Solo de esa manera podrá revertirse esa paradoja que funda nuestra democracia: un modelo en el que la minoría prevalece sobre la mayoría. Agregar comentario: |
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